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Alimentos caros, no para todos

Es de sobra conocido que las alzas de precios del maíz, trigo y soya en los mercados internacionales ya encarecieron las tortillas, la carne, el huevo y toda clase de alimentos procesados.

Según la secretaría de Economía, no se deberían haber encarecido esos alimentos ya que los precios que se pagaron por los cinco millones de toneladas de maíz nacional del ciclo otoño/invierno y los más de siete millones de toneladas importadas en lo que va del año, se pagaron antes del estallido de precios.

La verdad es que el precio de venta de un producto en manos de comerciantes o industriales, es el precio de su reposición (cuanto les costaría volverlo a comprar). Si el precio aumentó –como es ahora el caso- el intermediario o el industrial cobran la diferencia más su margen habitual de ganancia, lo que es válido según las reglas del mercado.

El problema es que el gobierno considere a los alimentos como una mercancía igual a cualquier otra. Quienes obtienen mayores beneficios entre productores, intermediarios, distribuidores y consumidores, no son los primeros ni los últimos de la cadena.

Una cosa son los precios que se cotizan en los mercados de futuros –como el de Chicago- y otros los que reciben los campesinos en México. Hay grandes diferencias en los precios pagados a los productores, las cuales dependen, principalmente, de la oferta y demanda regional, del nivel de las organizaciones y de su acceso a los esquemas de agricultura por contrato y a servicios financieros. Son muy pocos los que reúnen esas condiciones para aprovechar la subida de precios internacionales. La inmensa mayoría del campesinado se enfrenta a la urgencia de cubrir múltiples necesidades con efectivo y vende en las condiciones que le imponen los intermediarios.

La posición dominante de los profesionales de la intermediación en la cadena de producción/consumo de alimentos se basa en su liquidez financiera. Las comercializadoras transnacionales como la Cargill y otras que vinieron a sustituir a la Conasupo son las que sacarán provecho del estallido y volatilidad de los precios agropecuarios y no la inmensa mayoría de los campesinos mexicanos.

El consumidor la pasará mal y no de manera temporal, como dicen la Secretaría de Hacienda y el Banco de México. Los precios que suben ya no bajan. La tortilla, por ejemplo, pasó de costar 10.15 en julio de 2011 a 11.50 pesos kilo actualmente en la ciudad de México; la causa fue la sequía que hubo en Sinaloa en febrero del año pasado, lo cual encareció el maíz blanco; el precio del cereal bajó poco después, pero no el de la tortilla.

Los datos duros de la situación internacional, de la que depende un excesivo tercio de la alimentación nacional, consisten en que la sequía que padece Estados Unidos ha generado expectativas de menores cosechas que hay que dimensionar: todo consiste en que bajarán los rendimientos de 9.2 a 7.8 toneladas por hectárea, pero se cosecharán 35.6 millones de hectáreas, casi dos más que en el ciclo anterior.

El resultado, conforme a los datos del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), es que la oferta estadounidense –el granero del mundo- que fue de 314 millones de toneladas de maíz en el ciclo anterior, bajará a un estimado de 274 millones de toneladas. Con el aumento de superficie sembrada, EUA esperaba batir récord y cosechar 375 millones de toneladas, cien millones más de lo que ahora calcula.

Así se ve a estas fechas de agosto la situación; las exportaciones estadounidenses, que son las que nos interesan porque de ellas depende casi el 90% de nuestro consumo de maíz forrajero, bajarán de 43.2 millones de toneladas que le vendió al mundo el año pasado, a 33 millones. De ese flujo necesitaremos capturar, a cualquier precio, más de diez millones de toneladas.

El GCMA calcula que en 2012 México cosechará 21.57 millones de toneladas de maíz a los que tendrá que sumar 10.65 millones de toneladas importadas. México, origen de la cultura basada en el maíz, es el segundo importador mundial del cereal.

El impacto de esas cifras no es de escasez, no por el momento; es la incertidumbre acerca de condiciones climáticas cambiantes y el desbocamiento del alza de precios de todos los alimentos que se producen con maíz y sucedáneos.

Ese encarecimiento no favorece a la mayoría del campesinado ni, por supuesto, a los consumidores; los mayores beneficiarios son las grandes comercializadoras y los especuladores en los mercados de futuros. Todo legal, sobre la falsa premisa de que en el mercado se encuentran productores, comerciantes y consumidores en igualdad de condiciones y que hay que dejarlos en la más amplia “libertad”. La falacia alcanza sus peores consecuencias, tratándose de la alimentación.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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