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Alimentos y productividad laboral

Ninguna otra mercancía de uso corriente, ha elevado 141 por ciento sus precios internacionales durante los últimos cinco años como el maíz. El encarecimiento de ese cereal eleva los costos y los precios del resto de actividades de economías como la nuestra y afecta su competitividad. Ello así porque el vínculo más importante entre agricultura e industria son los precios de los productos agropecuarios.

Una referencia del encarecimiento desbocado del maíz en particular, pero también del trigo, soya, azúcar, es que los contratos por tonelada de maíz amarillo en el mercado de futuros de Chicago con vencimiento en agosto de 2007 costaban 131.27 y la semana que terminó el 6 de agosto pasado, promediaron 317.15 dólares (Boletín semanal del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas –GCMA-).

De las causas de tal encarecimiento destaco dos: una es el desequilibrio real entre oferta y demanda debido a condiciones climáticas de duración incierta y a mayores consumos; otra es el aprovechamiento de tal incertidumbre por parte de especuladores que apuestan a que sigan aumentando los precios de los contratos de futuros.

El hecho concreto es que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos anticipa una caída de la producción mundial de maíz a 849  millones de toneladas, 100 millones menos que hace dos meses.

Son meras estimaciones. Las cifras reales pueden ser peores, pero se conocerán hasta que se levanten las cosechas. Lo que por ahora es claro es que la mayor caída de producción será en Estados Unidos, lo cual es un problema porque es el principal exportador de granos del mundo.

Me dice Juan Carlos Anaya, director del GCMA, que en vez de las 379 millones de toneladas que en junio pasado estimaba producir Estados Unidos, en agosto se calcula que sólo cosechará 274 millones de toneladas. Esa reducción en 105 millones de toneladas es más del doble de los 45 millones que promedian las exportaciones anuales estadounidenses  a varios países como el nuestro, que equivocaron su política alimentaria.

Por más que Estados Unidos reduzca su consumo (anuncia que podría hacerlo en 30 millones de toneladas en etanol y pecuario) y se conformara con inventarios para 20 días, hay un evidente riesgo de desabasto en los países de elevada dependencia alimentaria, entre los cuales México destaca como el segundo importador mundial, la mayor parte de EUA.

También bajará la oferta de trigo, oleaginosas y sus precios seguirán al alza. El escenario alimentario se ve tan incierto que la ONU ha solicitado la cancelación del mandato gubernamental de Estados Unidos para producir etanol a partir de maíz (Financial Times, 9 de agosto, 2012).

Así las cosas, la crisis alimentaria consiste, hasta ahora, en alza de precios en mercados extremadamente volátiles, pero todavía no en desabasto. Parte de ese encarecimiento hay que explicarlo por la especulación ante movimientos de oferta y demanda, ciertamente inciertos por cambios climáticos en el planeta.

Además del aumento de la pobreza que provoca el acelerado encarecimiento de los alimentos, también altera el vínculo más importante entre la agricultura y la industria, que son los precios que el resto de la economía paga por los alimentos.

Los costos, competitividad y precios de la industria los determinan el nivel de los salarios de sus trabajadores, las cotizaciones internacionales de las materias primas y de los alimentos, el nivel tecnológico detrás de la productividad laboral y la competitividad general de cada economía.

La menor capacidad tecnológica para elevar la productividad laboral y las deficiencias y altos costos que reducen la competitividad general de la economía, se compensan en parte con bajos salarios y bajos precios por los alimentos.

En este esquema, que es el que está vigente en nuestro país desde hace 30 años, la estrategia alimentaria se reduce a equiparar los precios agrícolas internos con los del mercado internacional y a apoyar con subsidios a los productores que pueden competir en ese nivel.

El propósito estratégico es mantener bajos los salarios urbanos, no la suficiencia alimentaria, lo cual funcionó mientras los precios internacionales de los cereales fueron a la baja, situación que cambió radicalmente desde 2007.

El esquema de dependencia alimentaria lo rompe la actual crisis que hasta ahora, es de precios desbocados, pero que puede llegar a convertirse en insuficiencia de abasto. La mera alza de precios aumentará la pobreza de millones de mexicanos y elevará la presión por aumentos salariales que podrían afectar la productividad laboral en ausencia de mejoras tecnológicas.

La paradoja es que hay recursos naturales, humanos y tecnológicos en México para superar la depresión rural, pero lograrlo supone que la economía urbana pague precios adecuados por los alimentos para recapitalizar al campo.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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