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Atemperar la violencia

Gran parte del mundo está convulso. En varios países se manifiesta el malestar social dirigido contra políticas de austeridad y comportamientos arbitrarios del poder.

En el fondo del malestar están la lentitud con que se mueve la economía y las consecuencias de esa parsimonia. Una es la apropiación del exiguo excedente por una minoría.

Eso va con la lógica de un régimen competitivo, en el que la reducción del pastel hace más estrecha la entrada a su reparto, dejando pasar sólo a los más poderosos (eficientes, dirían otros).

Lo que no tiene sentido es que las políticas en (casi) todas partes refuercen, en vez de atemperar, esa tendencia de los mercados. De ahí deriva otra consecuencia, que es el desencanto que provocan los gobiernos al mostrarse incapaces de convertir sus propósitos con los que generaron expectativas, en acciones.

La combinación de todo ello es común a la movilización de los indignados en ciudades europeas, a las protestas que hay desde Nueva York al Medio Oriente, pasando por Brasil que hasta los gastos asociados a la visita del Papa fueron motivo de rechazo.

 

En México ¿hay motivos para un estallido del malestar?

Aquí ya vivimos niveles excesivos de violencia que no son atribuibles sólo al narcotráfico. Son consecuencia, también, del malestar que provocan el crecimiento económico lento, la apropiación de la riqueza escandalosamente concentrada y las políticas de gobierno que propician las desigualdades. Es el despojo de expectativas en un mejor futuro.

Ante esos fenómenos, la confianza en las capacidades del gobierno de Enrique Peña Nieto va deslavándose.

Peña Nieto prometió durante su campaña para ser Presidente, que al final de su sexenio dejaría la economía creciendo al 6 por ciento, meta que debía arrancar con un 4 por ciento este 2013. Todas las previsiones de crecimiento se quedan muy por debajo del 3 por ciento para este año.

La razón no es solamente la excesiva dependencia de una economía estadounidense en lento crecimiento; es que el resto de la economía mexicana –la que produce el 64 por ciento del PIB- ni está integrado al sector exportador ni tiene el estímulo dinamizador de inversiones, producción y empleo que debe proporcionar el mercado interno.

El mercado interno lo constituyen fundamentalmente la capacidad de compra que tienen los consumidores por sus salarios, así como las inversiones productivas privadas y el gasto público.

No puede hablarse de un mercado de consumidores estimulante si en 2011, según el INEGI, de los 48.4 millones que conforman la Población Económicamente Activa, 26.4 millones ganaba, para el sustento familiar, de 1,920 hasta 5,900 pesos al mes.

Otros 7.7 millones de personas percibían hasta 9,600 pesos. Solamente 3.9 millones de asalariados -8.05 por ciento- perciben un ingreso mayor por su trabajo. Casi cuatro millones más no son remunerados y a 3.4 millones los clasifica el INEGI como no especificados.

Lo peor de esas cifras es su tendencia, reflejada en la contracción de la masa salarial que en 1989 representaba el 35.23 por ciento del PIB y para enero de 2012 se había reducido -según el INEGI- al 27.44 por ciento.

No son casualidad de la mala suerte esos datos, sino el resultado de pretender ganar en productividad empresarial y en competitividad a costa de los salarios, en vez de invertir en innovación técnica y científica.

Para recuperar crecimiento y prosperidad, en vez de seguir profundizando la crisis con políticas de austeridad y perdiendo tramos de soberanía para tomar decisiones, la alternativa es promover la equidad distributiva de la riqueza.

El mecanismo más eficaz para lograr la equidad, es la política laboral. Peña Nieto se ha definido a favor del aumento de la productividad, pero Luis Videgaray no la ha vinculado al crecimiento proporcional de los ingresos salariales.

Los otros componentes del mercado interno tampoco levantan, sobre todo el gasto público, que a pesar de la oferta de eficiencia del discurso electoral de Peña Nieto, no hubo capacidad administrativa para ejercer más de 100 mil millones de pesos durante este primer semestre.

Precariedad del empleo cuando se tiene, bajos salarios y una agresiva desigualdad social son causas contrarias al respeto a las normas y a valores positivos, lo que propicia múltiples formas de violencia, la delincuencial entre otras.

El castigo a los delincuentes (si el ministerio público y el poder judicial lo ejercieran) sería una parte de la solución, pero no la determinante. Es primordial atemperar las desigualdades y generar oportunidades de ocupación para generar expectativas de bienestar.

Sólo desde esa perspectiva compartida, es posible restablecer el consentimiento común en normas civilizadas de convivencia.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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