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Cambiar el miedo por la esperanza

Felipe Calderón deja el gobierno en condiciones en las que a Peña Nieto le sería fácil, si no se equivoca, mejorar cualquier política. La que mayor desasosiego y temor ha causado en la población, es la de seguridad pública.

El escenario tiene que cambiar a uno de menor violencia, menos miedo, menos desigualdades y mejor gobernabilidad para acotar la complicidad entre autoridades (gobernadores, por ejemplo) y la delincuencia organizada.

Edna Jaime, directora de México Evalúa, presentó comparaciones a partir del número de asesinatos dolosos por cada cien mil habitantes; el promedio mundial es de 6.9, África tiene 17.4, América en su conjunto 15.5, Europa 3.5, México 23.9 (Reforma, 28/11/2012).

El salto de unos 10 mil asesinatos por año (violencia “habitual” en México) a 27,213 en 2011, ocurrió a partir de 2009 y se atribuye a lucha contra la delincuencia organizada.

Un efecto colateral es que “las imágenes, los relatos y los recuentos de violencia y brutalidad criminales –dice José Carreño (El Universal, 28/11/2012)- se apoderaron de los más destacados espacios mediáticos, nacionales e internacionales, en los que el país apareció de pronto bañado en sangre: la peor representación del México violento desde la época revolucionaria de la segunda década del siglo pasado”.

Ese manejo de los medios sembró miedo en la población, al grado de modificar hábitos y conductas. Sería más grave aún si la experiencia colectivamente sufrida llegó a marcar los patrones culturales de la sociedad, es decir, si la cosmovisión de vida y muerte del mexicano hubiera profundizado en temores y desconfianza. El tiempo lo dirá.

Peña Nieto no ha sido claro sobre lo que lo hará para contener la violencia y mejora la seguridad pública. Tendría que aclarar su posición acerca del combate al narcotráfico, uno de los temas en los que el gobierno saliente no supo fijar los intereses nacionales. Esa guerra se libra en nuestro territorio y entre mexicanos pero no es nuestra, la declaró el gobierno de Estados Unidos.

Oscar Naranjo, el ex jefe de la policía colombiana y asesor de Peña Nieto en materia de seguridad, ha hablado públicamente de sus propuestas. Un aspecto en el que pone énfasis es que el mensaje del gobierno a la sociedad siembre esperanza en que la situación tiene posibilidades de solución, en vez de alentar el miedo ciudadano.

La eficacia duradera de ese discurso, que sería un verdadero bálsamo, depende de que se reduzcan los secuestros, las extorsiones y los asaltos por ser los delitos que más agreden a la ciudadanía.

La reducción de esos delitos depende, sobre todo, de dos condiciones en las que el nuevo gobierno tendría que poner su mayor empeño de eficacia. Una es la reducción de desigualdades como fuente propiciatoria de diversas formas de violencia social y la otra consiste en acotar la complicidad de autoridades con la delincuencia organizada, justo como se hace en Estados Unidos.

América Latina es la región más desigual y es también la más violenta del mundo. Cinco de los 10 países más desiguales y 10 de los 20 con mayores tasas de homicidios del mundo, son de nuestra región. México y Brasil figuran en las dos listas, según hace constar Latinobarómetro en su informe de mayo de este año sobre seguridad.

No es la pobreza la que genera violencia sino las desigualdades. Es la sensación de marginación a la vista de los privilegios de otros lo que provoca frustración, enojo y diversas formas de violencia.

La exacerbación de la violencia en América Latina, dice Latinobarómetro, sucede “paradojalmente, en un momento de su historia con gran crecimiento económico”.

Una de las formas de estallido social violento es la delincuencia, que al avanzar sin encontrar resistencia institucional sino al contrario, complicidad de autoridades, eleva la complejidad y eficacia de su organización y diversifica sus actividades.

En ese sentido, la política de seguridad pública tendría que promover expectativas en la movilidad social a partir de empleos, educación y salud, y sancionar sin tolerancia las evidencias –al menos las más claras- de asociación entre gobernadores, secretarios de gobierno, banqueros y empresarios con organizaciones delictivas.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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