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Competir con bajos salarios

La reforma a la Ley Federal del Trabajo está empantanada en el Congreso, situación que abre la posibilidad de que se atienda el hecho, hasta hoy ignorado, de que la política laboral mejora o empeora la situación social del país. No existe mejor instrumento para superar desigualdades que el empleo con derechos laborales, sostiene la CEPAL.

La reforma laboral define los propósitos últimos del desarrollo nacional; la que se discute busca darle certidumbre a las empresas, sobre el supuesto de que así invertirán y crearán más empleos; la contraparte de esa seguridad es la precariedad de los puestos de trabajo y ninguna atención al tema salarial.

No hay programas de asistencia social que sean capaces de compensar la precariedad en el empleo y la disminución de los salarios, como los que se pagan en México desde hace más de 30 años.

La reforma laboral ni siquiera plantea vías para mejorar salarios; la discusión está empantanada alrededor de la democratización y transparencia de la vida sindical entre el PAN y los partidos de izquierda, con el PRI ligado al corporativismo.

El otro PRI, el liberal, con el que se identifica a Enrique Peña Nieto, se puso del lado de los caciques sindicales. Peña Nieto se declaró “a favor de la transparencia sindical en un marco de respeto a la autonomía gremial” o sea, que los líderes y no los legisladores decidan lo democráticos y rendidores de cuentas que quieran ser.

En lo que están de acuerdo los partidos representados en el Congreso es en liberalizar las condiciones de contratación y despido, que en buen castellano quiere decir abaratar costos laborales a las empresas y restarle estabilidad a los puestos de trabajo para quien los ocupe.

En ese sentido van contra el desarrollo social, pero siguiendo la corriente de muchos países. Diecinueve naciones europeas han “flexibilizado” las reglas de sus mercados laborales, ofreciendo que así se facilitaría la creación de más empleos.

La evidencia es en contrario, no hay menos sino más desempleados en toda Europa, lo cual obliga a ver otros aspectos que rodean al deterioro de las condiciones laborales en casi todo el mundo.

Destaca el ritmo cada vez más lento de crecimiento de la economía desde hace cuarenta años, lo cual reduce la masa de ganancias, que tiene que repartirse entre cada vez menos empresas mediante una competencia feroz por ganar mercados, que también tienen bajo crecimiento y peor desde la crisis financiera de hace cuatro años.

Desde el inicio de la crisis, se trasladaron atribuciones del Estado a los mercados, lo cual ha supuesto la modificación de reglas mercantiles. Una importantísima fue la “liberalización” del comercio exterior para facilitar la apertura de mercados en países como el nuestro a las empresas trasnacionales más competitivas.

Los gobiernos de México adoptaron las reglas mercantiles del neoliberalismo conforme al Consenso de Washington: desincorporaron empresas paraestatales, desprotegieron a la planta productiva ante las importaciones, desregularon actividades y asumieron que las exportaciones de manufacturas fueran el motor del crecimiento económico.

El éxito dependía del factor exportaciones, que a su vez depende de la competitividad de la economía y de la productividad de las empresas. El crecimiento global cada vez más lento hace más pesados los lastres que representan para la competitividad general los monopolios en sectores como telecomunicaciones y servicios financieros, y para las empresas, las bajas inversiones en innovaciones tecnológicas de soporte a la productividad laboral. La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de la ONU coloca a México en el lugar 79 entre 141 países por su capacidad de innovación y creación de nuevos productos.

En compensación a esas deficiencias, el neoliberalismo propicia la disminución de los costos en salarios y prestaciones de los trabajadores, tendencia universal, pero que en México se parte de niveles mucho más bajos. Mientras que en 1991, los salarios representaban el 39.79 por ciento del Producto Interno Bruto (y no el 69.9% como en Europa), el INEGI acaba de informar la semana pasada que la masa salarial representa ahora el 27.6 por ciento del PIB.

La reforma laboral que se discute en el Senado ignora su importancia social, pero también la económica. Los legisladores deberían tener presente que la productividad de los trabajadores es la que impulsa el crecimiento a condición –y sólo a condición- de que también los salarios mejoren y los mercados crezcan.

Es probable que el próximo gobierno tenga que hacer un nuevo intento de reforma laboral, en el que debería ponerse especial cuidado en equilibrar los avances en productividad y en derechos laborales, empezando por los salariales.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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