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Del TLCAN al TPP

La estructura industrial de México tiene capacidades competitivas limitadas por estar atomizada en miles de micro empresas que no tienen acceso al crédito, que no capacitan a sus trabajadores ni emprenden innovaciones tecnológicas.

El predominio de las microempresas es del 96.1 por ciento de todas las empresas mexicanas y del 41.3 por ciento en empleo, aunque solamente aportan 18 por ciento del PIB.

Su predominio numérico pesa negativamente en la competitividad de general de la economía. Según la OCDE, “en el sector que debería tener el nivel más alto de innovación (la manufactura), es en el que México cuenta con la mayor proporción de microempresas dentro del grupo de 27 países comparados”.

Con esa estructura se inscribió al país en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte hace 20 años, con resultados mixtos: aunque atrajo inversiones y generó una balanza comercial positiva con Estados Unidos y Canadá, no contribuyó a mejorar la composición de la planta productiva.

Por el contrario, provocó la ruptura de cadenas de valor entre proveedores y consumidores de bienes intermedios que había costado muchos años construir.

Ahí está parte importante de las explicaciones de por qué cualquier indicador del desempeño de la economía nacional durante los últimos 20 años, muestra rezagos y regresiones en relación al resto del mundo.

Unos cuantos ejemplos referidos todos al periodo 2001/2012: la competitividad de México cayó de la posición 42 a la 58 en el índice del Foro Económico Mundial.

En la escala del FMI, el tamaño de la economía de México dejó de ser el número 9 para bajar al lugar 14.

La posición exportadora de México solamente bajó cuatro posiciones, de la 12 a la 16, gracias a que aumentó de 7.52 a 11.55 el porcentaje del petróleo mexicano circulando en el mercado internacional.

Otro indicador que revela los rezagos de la economía mexicana es que si bien el TLCAN elevó en 466 por ciento el valor total de las exportaciones a Estados Unidos y Canadá, con saldo positivo para México, las importaciones del resto del mundo crecieron tanto que dejaron un saldo negativo en la balanza de mercancías.

El saldo favorable del comercio de México en el marco del TLCAN se explica porque múltiples empresas extranjeras aprovechan la mano de obra mexicana para maquilar productos que reexportan, aprovechando la liberalización del comercio con Estados Unidos y Canadá.

Es gracias en gran medida al intercambio entre filiales de corporaciones transnacionales asentadas en México y sus matrices, que el valor de las exportaciones “mexicanas” a Estados Unidos y a Canadá dejan un saldo positivo que ronda los cien mil millones de dólares anuales.

De igual monto es el déficit de nuestro comercio con Asia, indicador inequívoco de diferencias en competitividad. En 2013 se compraron mercancías en esa región por 119 mil 436 millones de dólares y se le vendieron apenas 18 mil 511 millones de dólares, de acuerdo con cifras del Banco de México (Banxico).

Más del 90 por ciento de las compras a países como China y Japón son insumos y bienes de capital necesarios para producir la oferta exportadora desde México.

El saldo final es el de un país exportador de importaciones que no produce, porque la política industrial dejó durante décadas que fuera la competencia mercantil la que definiera el perfil de la planta productiva, como si el mercado no estuviera dominado por grandes empresas, dueñas de capacidad financiera, de conocimiento y de tecnologías innovadoras.

Como si el neoliberalismo no dejara lecciones qué aprender, ahora el gobierno de México está dispuesto a asumir la imposición de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica, conocido como TPP.

Todo apunta a que el TPP lo firmarán 12 países del Pacífico como Japón, Australia, Singapur, Chile, Perú, Vietnam, Malasia y México, con Estados Unidos al frente, en su intento por contrarrestar la capacidad competitiva de China.

México será un contribuyente más del esfuerzo estadounidense por reindustrializar sus capacidades productivas.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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