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El campo en el PND

La propuesta medular que le hace el Plan Nacional de Desarrollo a la sociedad rural, llanamente consiste en desarrollar sus capacidades productivas… “con visión empresarial”.

El objetivo que se plantea, desde esa perspectiva, es elevar la productividad y la competitividad agropecuarias. A ese fin, el Plan ofrece, por ejemplo, orientar la investigación y desarrollo tecnológico, capitalizar unidades productivas, modernizar la infraestructura y otorgar financiamiento oportuno y competitivo.

Eso y más se ha repetido en política agropecuaria desde hace medio siglo. Para eso están diseñadas las instituciones federales ligadas al sector. La polarización socio-económica rural se debe en buena medida al papel que han jugado la SAGARPA y dependencias similares durante décadas.

El PND 2013 2018 se dirige a los campesinos sin distinción alguna, como si todos fueran o quisieran ser empresarios, como si fueran industriales o comerciantes.

Si unos cuatro millones de unidades campesinas (de los casi cinco millones que hay en el país) tuvieran visión empresarial, más de la mitad de territorio agrícola del país no se sembraría, simplemente porque no es negocio hacerlo.

Los bajos rendimientos de las siembras en esas unidades no son la causa de que no sean negocio, ni mucho menos son indicativos de ineficiencia campesina.

Por el contrario, con tierras de temporal regular o malo en la mayoría de los casos y además de extensión muy reducida, con suelos mayoritariamente degradados por el mal uso de agroquímicos y sin financiamiento -ni oportuno ni tardío- las tres toneladas de maíz que se obtienen en promedio nacional demuestran gran eficiencia en el manejo de tan pobres recursos.

Aunque el abandono de tierras se extiende con rapidez en nuestro campo, las siembras que se siguen haciendo en condiciones en las que ningún empresario vería un agronegocio atractivo, se mantienen por seguridad alimentaria y motivos culturales intangibles.

Obviamente hay grandes empresarios agropecuarios en México, unos 300 mil. Son los únicos interlocutores del enfoque empresarial del PND, y de su pugna por  la productividad y la competitividad.

El Plan no contiene el replanteamiento de la política agropecuaria que se requiere para aprovechar el potencial productivo de más de 700 mil unidades campesinas que a duras penas producen excedentes y participan con grandes desventajas en los mercados.

Tampoco contiene el enfoque de seguridad alimentaria comunitaria que promueven la FAO y otros organismos internacionales a favor del autoconsumo, ante la volatilidad del clima y de los precios internacionales de los alimentos.

Lo que anuncia el PND es que todo debe seguir igual que en los últimos 25 años, con subsidios a la producción y comercialización de los agronegocios más eficientes y a las intermediarias transnacionales que comercializan los granos.

Hay un solo párrafo en el Plan que alude a “los campesinos y pequeños productores agropecuarios y pesqueros de las zonas rurales más pobres” a quienes “se les ofrecerían alternativas para que se incorporen a la economía de manera más productiva”.

Hace décadas que el ingreso de la gran mayoría de las familias rurales depende cada vez menos de la agricultura, aunque sigan dedicando recursos a sus siembras.

Sin esos ingresos no agrícolas, la pobreza rural sería aún más devastadora. Pero habría que hacer algo para que en vez de que campesinos y campesinas vayan a las ciudades a buscar ocupación como albañiles o sirvientas, se desarrollaran en el propio medio rural miles de servicios y oficios que requiere la economía agropecuaria.

La política rural debería fomentar (capacitar, vincular, financiar) el desarrollo de actividades no agropecuarias pero relacionadas con los servicios de transformación y comercialización de la producción primaria.

La reducción de mermas postcosecha por ejemplo, que en México es seis y hasta diez veces mayor que en los países ricos, requiere de servicios inexistentes en la mayor parte del territorio, por falta gente.

El mercado por sí mismo, no ha desarrollado esas actividades y empleos no agrícolas que sirven a la eficiencia y productividad agropecuaria. Tendría que planificarse la vinculación entre necesidades y la oferta de su cobertura.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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