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¿Fin de la agricultura por contrato?

La volatilidad o lo que es lo mismo, los altibajos acentuados de precios de los mercados, vuelve su comportamiento imprevisible y aumenta los riesgos de sus participantes. Eso es lo que está pasando con los mercados agrícolas internacionales desde 2007 a la fecha.

El gobierno mexicano tenía en las coberturas de precios un buen instrumento que servía como soporte indispensable de la agricultura por contrato, esquema que da certidumbre a los agricultores grandes y a los consumidores industriales. Por alguna razón, decidió cancelarlo.

Dice el Banco Mundial que “los precios del maíz, trigo y soya subieron en abril, bajaron en mayo y junio y aumentaron bruscamente en julio”. Esa volatilidad atenta no sólo contra la soberanía alimentaria –que México perdió hace décadas- sino también contra la seguridad alimentaria basada en importaciones.

La volatilidad y lo imprevisible de los mercados de alimentos elevan los riesgos para productores, comercializadores, consumidores y gobiernos de cada país. En pocas palabras, hacen insegura la alimentación, la encarecen y agravan la pobreza social.

Tres factores han estado moviendo los precios agropecuarios internacionales, entre los que (aún) no figura el desabasto. Uno son las condiciones climáticas cada vez más imprevisibles, que han llevado a reducir las predicciones de producción e inventarios de cereales casi cada año desde 2007, aunque no su disponibilidad en los mercados; otro factor ha sido el aumento de demanda de maíz para producir biocombustibles y el tercero, muy importante, son las inversiones meramente especulativas en los mercados de futuros.

Lo lógico es que ante la inestabilidad del mercado internacional, el gobierno haga lo posible por reducir la incertidumbre entre productores, comercializadores y consumidores con respecto al comportamiento de los precios domésticos.

Las coberturas de precios en los mercados de futuros han servido para garantizar un precio piso de venta al productor desde la siembra y un precio techo de compra al consumidor industrial.

Si el precio de mercado subía por encima del amparado por la cobertura, el productor se beneficiaba del aumento y el comprador no tenía que pagar esa diferencia, pero si disminuía, el productor recibía el precio establecido en la cobertura y el consumidor sólo pagaba el de mercado.

El costo de la cobertura –alrededor de 20 dólares por tonelada- lo subsidiaba el gobierno al 85% para el productor y al 50% para el industrial, lo que requería un poco más de 50 mil millones de pesos fiscales.

La cobertura de precios fue la condición indispensable para el desarrollo de la agricultura por contrato, esquema que resuelve problemas serios, aún para agricultores a gran escala, como el financiamiento, la asistencia técnica y sobre todo, la comercialización de sus cosechas.

El total del sorgo en Tamaulipas, del trigo en Sonora y Baja California, del maíz de Sinaloa y 50% en el Bajío, son algunas de las siembras que se han hecho desde hace años, en el esquema de agricultura por contrato.

El gobierno de Calderón decidió desaparecer el mecanismo de las coberturas de precios a tres meses de terminar su gestión. En su lugar implantó el “Programa de Administración de Riesgos de Mercado a través de Intermediarios Financieros”. Entre sus deficiencias, destaca que no sirve a la agricultura por contrato ni a ningún esquema que ofrezca certezas en la fijación de precios en los tratos comerciales entre agricultores e industriales agroalimentarios.

El programa no da la seguridad al productor de contar con un precio piso ni al comprador, la de tener un precio techo. Por supuesto que la sustitución del programa de coberturas por esta dizque “administración de riesgos”, ha provocado protestas de varios gobernadores y de empresarios agrícolas organizados, como el Consejo Nacional Agropecuario.

Sin las coberturas de precios en los mercados de futuros, es el fin de la agricultura por contrato, esquema eficaz para enfrentar los altibajos y la incertidumbre en los mercados que afecta a las unidades agropecuarias mejor equipadas y que aportan la mayor parte de la producción cerealera del país.

Falta la explicación del gobierno de Calderón por haber cancelado un instrumento de estabilidad, precisamente ante la mayor volatilidad del mercado, que no es de cualquier mercancía prescindible, sino nada menos que de los alimentos.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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