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Financieros al poder

Guillermo Knochenhauer

 

En alguna medida, la formación, la experiencia, el estilo
personal y las ambiciones de la gente con poder está entre las causas de la
crisis general que entrampó a México y no lo suelta desde hace treinta o cuarenta
años.

Interpretando lo que ha sucedido a partir de las decisiones de
los poderosos (que hacen historia, pero “no simplemente como se les pega la
gana”, según decía Marx) vale recordar que en 1970, el gobernante PRI rompió la
regla de postular a la Presidencia de la República a quienes hubieran ocupado
cargos de elección popular. Luis Echeverría asumió el poder sin experiencia
electoral previa.

Ya Presidente, Echeverría rompió otra regla importante al elevar
a su secretario de Hacienda, José López Portillo, a la primera magistratura. Hasta
ese momento, quienes gravitaban en la esfera de las finanzas públicas sabían
que no podían aspirar a la presidencia, lo cual hacía que las cabezas y equipos
de trabajo de Hacienda, de Programación y Presupuesto, hoy Economía y del Banco
de México, atendieran las finanzas públicas sin la ambición de participar
directamente en la pugna por la sucesión presidencial.

A partir de López Portillo y hasta Ernesto Zedillo, los presidentes
surgieron del sector público financiero. Su involucramiento en la pugna
sucesoria tuvo que afectar el desempeño de la hacienda pública y por efecto
colateral, el de la administración federal y de los gobiernos estatales.

Otro rasgo importante de quienes sucedieron a López Portillo,
fue su formación en universidades de Estados Unidos. Miguel de la Madrid y Carlos
Salinas fueron discípulos de Harvard y Ernesto Zedillo lo fue de Yale. Creyeron
comprender y quisieron imitar la manera de proceder de los estadounidenses. Cambiaron
el discurso del poder: Estados Unidos dejó de ser el reverso del nacionalismo
revolucionario y en su lugar se dijo que la única estrategia posible para
México era integrarse a la geopolítica, a la economía y hasta a la cultura de
Norteamérica.

Con ese sentido se adoptó el consenso de Washington, una
lista de diez medidas económicas cuyo borrador se conoció en noviembre de 1989.
Ese decálogo fue el arranque de la era del neoliberalismo.

Se dio por hecho que la estabilidad macroeconómica, la
apertura al mercado externo y a la inversión extranjera serían suficientes para
impulsar la productividad, la competitividad y el crecimiento.

Desde el gobierno de Salinas hasta la fecha, no ha cambiado
esa visión, a pesar de que sus resultados evidentes son el estancamiento
económico y del desarrollo humano. La primera crisis mayúscula del modelo
ocurrió en 1994 cuando, al cambio de gobierno, la economía estaba “prendida
de alfileres”, como tuvo que reconocer Pedro Aspe.

Secretario de Hacienda de Salinas, Aspe era el candidato de
ese gremio a la Presidencia, pero había un riesgo en el camino que era la sobre
valuación del peso; una devaluación técnicamente correcta, podía ser vista como
políticamente incorrecta a principios de 1994.

Los inversionistas extranjeros amenazaron con retirar sus
capitales por la sobre valuación del peso. Para retenerlos, Guillermo Ortiz, entonces
subsecretario de Hacienda, se comprometió en marzo de 1994 a pagar en dólares los
tesobonos nominados en pesos.

Un equipo de gobierno que se niega a devaluar por razones
sucesorias, deuda soberana a corto plazo nominada en pesos pero pagadera en dólares
y un secretario de Hacienda del nuevo gobierno -Jaime Serra Puche- tan
inexperto como arrogante, provocaron el “error de diciembre” de 1994
que le hizo perder a millones de personas los ahorros de su vida y obligó a la
hacienda pública a absorber una cartera de créditos incobrables de los bancos
(125 mil millones de dólares), por la cual les paga y seguirá pagándoles cientos
de miles de millones de pesos en intereses anuales.

Zedillo profundizó la crisis en 1995 al elevar las tasas de
interés bancarias, lo que hizo irrecuperables los préstamos y orilló a la banca
a la quiebra, de la que tuvo que ser rescatada por el muy obscuro Fobraproa.
Pero además, el ex presidente se empeñó en venderle los bancos a corporaciones
extranjeras que hoy por hoy, no cumplen con los servicios financieros que
requiere toda economía y cobran carísimos los que les conviene ofrecer.

Si Aspe recomendó la devaluación del peso a tiempo y su jefe
no la quiso implementar, o si el gremio de funcionarios en finanzas públicas consideró
que podrían mantener la sobrevaluación hasta que se designara al candidato del
PRI a la Presidencia, el hecho es que la necesidad del ajuste paritario era
técnicamente evidente desde principios de 1994 y que otra sería la historia, si
se hubiera actuado en consecuencia.

knochenhauer@prodigy.net.mx

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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