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Histórica decisión sobre transgénicos

El Presidente Enrique Peña Nieto ofreció restablecer la rectoría del Estado en materia agraria para propiciar un desarrollo del campo “en orden, con legalidad y con justicia”. Lo hizo durante el acto conmemorativo del 98 aniversario de la promulgación de la Ley Agraria del 6 de enero de 1915.

En realidad se requiere restablecer las directrices de Estado en política rural, no sólo en materia agraria sino también en lo demás que sirva al desarrollo económico y social del campo.

Esa rectoría es crucial en estos momentos por un asunto particular: para impedir que Pioneer y Monsanto –que ya controlan 90 por ciento del suministro de semillas- logren la autorización para la siembra de variedades genéticamente modificadas de maíz con fines comerciales.

De aprobarse la siembra comercial de maíz genéticamente modificado, se condenaría a la contaminación y alteración por esa vía, de las variedades de las que depende la producción nacional del cereal.

Es mentira que el maíz transgénico sea más rendidor y que su uso comercial elevaría la productividad del campo. No se produce una sola tonelada más usando esas semillas; están diseñadas sólo para resistir ciertas plagas (que no existen o no son problema en México) y herbicidas específicos que fabrican las mismas empresas que venden las semillas.

El gobierno de Calderón autorizó en 2009 la siembra experimental de maíz transgénico y en 2011 la siembra piloto en áreas restringidas, pero decidió ignorar las conclusiones de 235 investigadores de 70 instituciones nacionales coordinadas por la CONABIO según las cuales, es inevitable, entre otras cosas, la contaminación de las siembras aledañas, a cientos de metros por el viento y a miles de kilómetros por el comercio. Concluyeron también que cada vez hay más pruebas de que los transgenes, lejos de ser inocuos, entrañan riesgos graves para la salud humana.

Desde el 7 de septiembre del 2012, Pioneer pidió autorización para la siembra de un millón 400 mil hectáreas y Monsanto la está solicitando para un millón de hectáreas más; se trata de dos variedades genéticamente modificadas. Una de ellas es la MON603 que utilizó el doctor Séralini en sus experimentos con ratas en Francia, que les produjo cáncer.

La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad ha lanzado un llamamiento al que se ha sumado científicos de todo el mundo para lograr que el gobierno mexicano no apruebe la siembra comercial de maíz transgénico, y que revoque todos los permisos de experimentación a campo abierto que se han dado para esas siembras.

Las razones en defensa del maíz como alimento básico del país, en oposición al interés comercial de Pioneer y de Monsanto, las han expuesto públicamente científicos acreditados como el doctor Antonio Turrent, investigador del INIFAP e integrante de la unión de científicos comprometidos.

Esas razones cubren aspectos productivos, económicos, sociales y culturales. Son importantes, por ejemplo, los argumentos a favor de las razas nativas de maíz que durante siglos se han adaptado a condiciones tan diversas como suelos extremadamente ácidos, pendientes abruptas, lluvia en exceso o sequías, suelos delgados, alta luminosidad, etcétera.

No se defiende a esas variedades porque sean de alto rendimiento, sino porque son las que mejor prosperan en más de 5 millones de hectáreas en las que produce el 73 por ciento de las unidades agrícolas del país, que aportan un tercio al maíz que se consume en las ciudades.

La contaminación con genes transgénicos de esas variedades dejaría a esas tierras y campesinos sin semillas para siembra, porque ni aun si tuvieran para pagar los más de 300 dólares que cuesta cada saco de ellas (y se llegan a usar hasta dos por hectárea), no prosperarían en las condiciones ambientales en las que se cultivan las variedades nativas.

Y para colmo, como los transgenes están patentados, su contaminación de siembras aledañas le ha permitido a Monsanto demandar a agricultores en Canadá y Estados Unidos que nada podían hacer para evitarlo. La Ley Federal de Variedades Vegetales que estuvo a punto de aprobar la legislatura pasada, permitiría ese tipo de demandas en México.

No menos importantes son las razones culturales porque, como dice el doctor Turrent, no se pueden hacer, con maíz transgénico, la tlayuda, el totopo oaxaqueño, el pozol, pozole, tejuino, pinole, ponteduro, tascalate, los atoles, tlacoyos ni los más de 300 tipos de tamales.

La comida es cultura y la mexicana se basa en el maíz, como la europea y estadounidense en el trigo y la asiática en el arroz. Poner en jaque la base de la cultura alimentaria equivaldría a una derrota espiritual y de identidad de todos los mexicanos.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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