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Improbable que mejore la reforma laboral

La reforma a la Ley Federal del Trabajo que está a discusión en el Congreso por iniciativa del saliente Presidente Felipe Calderón, ha provocado reacciones contrarias de quienes esperaban que liberara la vida sindical de cacicazgos, que mejorara la justicia laboral y que relacionara las mejoras en productividad de los trabajadores con el aumento de sus salarios.

Lo cierto es que tales expectativas van contra la inercia de los últimos treinta años; en Estados Unidos, países de Europa y “emergentes” como el nuestro, ha prevalecido la tendencia a una mayor concentración de la riqueza, a la disminución de la masa salarial, a la precarización del empleo y al debilitamiento de los sindicatos de trabajadores.

El traslado de atribuciones del Estado al mercado ha redistribuido poder y riqueza de la industria a los sectores financieros, y de los obreros y empleados a los corporativos empresariales en la mayor parte del mundo capitalista.

El fenómeno hay que atribuirlo a que la producción de riqueza en la industria va perdiendo dinamismo desde hace cuatro décadas debido a rezagos relativos del poder de compra de los consumidores y con ello, la masa o total de las ganancias también tiende a disminuir; una vía de solución adoptada ha sido el retraimiento del Estado a favor del mercado y la búsqueda de su ampliación transnacional, para lo cual se indujo la “liberalización” global del comercio exterior.

Los gobiernos neoliberales de México apostaron a las exportaciones de manufacturas como el motor más dinámico del crecimiento económico. Tal apuesta depende de la competitividad de la economía y de la productividad de las empresas. El problema es que a la competitividad del país le sobran monopolios y a la planta industrial le faltan inversiones y elementos técnicos de soporte a la productividad laboral.

En compensación a esas deficiencias, se ha recurrido a la disminución de los costos en salarios y prestaciones de los trabajadores. Mientras que en 1991, los salarios representaban el 39.79 por ciento del Producto Interno Bruto, el INEGI acaba de informar esta semana que los salarios representan ahora el 27.6 por ciento y el excedente empresarial derivado de las actividades productivas, el restante 62.4 por ciento del PIB.

Abaratar más los costos laborales sirve al intento de sostener el nivel de exportaciones de manufacturas en un ambiente global de crecimiento económico débil y de avanzado proteccionismo mercantil, que exacerba la competencia en el comercio internacional.

Desde esta perspectiva, veo muy pocas probabilidades de que el Senado corrija la reforma que aprobaron los diputados con los votos del PRI y del partido Verde dizque Ecologista.

Como se sabe, la reforma que votaron los diputados omite las vías a la democracia y transparencia sindical y adopta nuevas modalidades de contrataciones que son inseguras para los trabajadores y más baratas para las empresas.

La posibilidad de que los caciques que controlan a las bases obreras sean democráticamente remplazados, tiene fuerte oposición entre algunos círculos empresariales que prefieren, como escribió F. Bartolomé en Reforma, “transas por conocidos que revoltosos por conocer”.

El costo de esa perspectiva es perder de vista que la productividad de los trabajadores es la que impulsa el crecimiento a condición –y sólo a condición- de que también los salarios mejoren; de lo contrario, bajan las ventas y hay desempleo. Para cumplir ambos requisitos virtuosos, se requiere un genuino poder sindical que los amarre en los contratos colectivos.

Insisto sin embargo, en que lo más probable es que la nueva Ley Federal del Trabajo pase sin cambios mayores por el Senado, a pesar de los empeños en contrario de algunos senadores del PAN, del PRD con sus aliados y a pesar, también, de que el PRI y Enrique Peña Nieto quedarían como opositores a la democratización y transparencia sindical.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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