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La concentración de subsidios, es de poder

El senador Alberto Cárdenas, presidente de las comisiones de Agricultura y del Medio Ambiente de esa cámara, me envió comentarios a mi artículo publicado en este espacio el 20 de enero. Sostiene que la producción agropecuaria está mejor que nunca, lo mismo que las exportaciones y “que los precios no se han alterado de manera extraordinaria” por causa de la sequía y demás catástrofes ambientales.

Más allá de esas opiniones, muy debatibles con la información disponible a cualquiera que la busque, Cárdenas dice que es “falsa” mi afirmación de que el diseño de programas está hecho para “que capture los apoyos quien sea más eficiente”.

Ese si es un tema medular, que varias organizaciones campesinas han querido debatir y que los legisladores deberían hacerlo para reorientar las estrategias de desarrollo rural. Como ningún otro factor, la orientación de los subsidios y las reglas para el acceso a ellos define el sentido y los propósitos de la política agroalimentaria.

Negar lo obvio, como hace Cárdenas, es retrasar los cambios necesarios. Los productores más eficientes son privilegiados al asignarse los subsidios más importantes –Procampo y Apoyos a la Comercialización- por superficie de labor y volumen de cosechas, pero ese privilegio se reafirma por muchos factores más. Van algunos ejemplos.

Procampo se considera el subsidio mejor repartido entre el campesinado y sin embargo, excluye a la mayoría de los productores de menores ingresos para dar más a los que más tierra tienen. Desde que se creó el padrón de beneficiarios en 1994 no se ha admitido a nadie más; según una encuesta del programa Oportunidades de 2004, Procampo llegaba (y llega) sólo a siete por ciento de los que tienen menos de una hectárea, a 19 por ciento de los que tienen entre una y dos hectáreas y a 39 por ciento de los que tienen entre dos y cinco hectáreas de labor.

En cambio, por las grandes extensiones de riego que trabajan los agricultores mejor equipados, el Procampo se paga doble: una vez en la siembra de Primavera/Verano y otra en la de Otoño/Invierno, lo cual eleva la concentración de los pagos en los agricultores ya favorecidos con la infraestructura pública de riego.

De ahí que las mediciones del reparto de los más de 16 mil millones de pesos que ejerce Procampo cada año, reiteren que el 76 por ciento de campesinos (los que trabajan menos de 5 hectáreas) recibe 34 por ciento del subsidio y el 24 por ciento restante se queda con el 66 por ciento del dinero.

La concentración del Procampo es sin duda mucho mayor de lo que dicen esas cifras, porque el padrón de beneficiarios consigna una clave para cada pago, pero no hay manera de saber cuantos pagos recibe un mismo beneficiario. Es común que la misma persona tenga fraccionada su parcela o propiedad con su correspondiente certificado agrario o título de propiedad, que inscribe por separado. Eso neutraliza la limitación de 2009 a 86 hectáreas o cien mil pesos el máximo de superficie subsidiada por Procampo.

El padrón de ese programa y los demás que administra Aserca, hacen imposible cruzarlos para constatar lo más probable, que es que las mismas personas y empresas –las que tienen capacidad de gestión- obtienen apoyos de múltiples programas.

Los subsidios no se concentran para elevar la eficiencia y competitividad agroalimentaria del país; si así fuera, la población no estaría creciendo más que la producción alimentaria ni México tendría que importar proporciones crecientes de lo que consume, que ya son francamente desmesuradas, como las siguientes: arroz (67.9%), trigo (42.8%), maíz (31.9%), leche (40%), carne de pollo (53%), carne de res (68%), carne de cerdo (78%).

Los subsidios se concentran por razones políticas, por el poder de sus beneficiarios, que el Estado neoliberal ha permitido que prevalezca sobre la política pública al renunciar a la dirección del desarrollo, abrazado al mito del libre mercado y la competitividad de las empresas eficientes.

El cambio climático, el aumento incontrolado de precios internacionales de los alimentos, el riesgo de hambruna y sed en el que están miles de indígenas y de que la carestía de la dieta básica exacerbe la desesperación de las clases populares, obliga a recuperar la soberanía alimentaria y esto, a su vez, a diseñar apoyos adecuados, incluidos los subsidios, para movilizar todos los recursos ociosos o subutilizados en manos de los medianos y pequeños campesinos. Obliga, en otras palabras, a que el Estado retome la representación de la Nación al intervenir en el desarrollo rural.

knochenhauer@prodigy.net.mx

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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