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La desigualdad capitalista

Esta semana se reúne el Foro Económico Mundial en Davos. Uno de los temas a discusión es la “severa disparidad de ingresos” en el mundo. El Papa Francisco contribuyó con un mensaje a la sesión inaugural, pidiendo “decisiones” para distribuir mejor la riqueza.

La concentración de la riqueza es considerada por los organizadores del Foro como una de las grandes amenazas contemporáneas. No obstante, no hay acuerdo acerca de sus causas ni de los procesos para superarla.

Como yo lo veo, la aceleración de la desigualdad en el mundo es resultado de que el neoliberalismo, a falta de contrapesos sociales y con escasa regulación, ha acentuado la tendencia salvaje y suicida del capitalismo.

Tales adjetivos –salvaje, suicida- pueden sustentarse en el discurso marxista, o bien en la evidencia empírica contemporánea de causas como la precariedad de los empleos en todo el mundo.

El New York Times, por ejemplo, publicó el 3 de diciembre pasado un artículo al que tituló “La americanización de la política laboral se expande en Europa”.

Lo que ofrece el artículo, firmado por Eduardo Porter, son datos que dejan ver que economías tan avanzadas tecnológicamente como la alemana, también han debido recurrir a la depresión de los salarios y de la seguridad social para ganar competitividad.

En ese sentido es socialmente salvaje y económicamente suicida al comprimir su mercado, pero el gobierno alemán de Angela Merkel ha sostenido que bajar los costos laborales es la única estrategia posible para restaurar la competitividad y elevar el empleo.

Tiene razón Merkel, dado que la capacidad productiva excede a la de consumo de los mercados, situación en que la competitividad no puede crecer sólo con base en la innovación tecnológica, la cual aumenta la capacidad productiva.

También tiene razón Marx al señalar que el abatimiento de los costos laborales ante mercados débiles, para ganar competitividad, es una de las contradicciones que el capitalismo no puede evitar.

 

Alemania pionera

Alemania fue país pionero en la “liberalización” de su mercado laboral. Por eso ofrece evidencias de los beneficios y de los efectos adversos de dejar que los mercados resuelvan las condiciones laborales.

Todo empezó a principios de los años 90 del siglo pasado, con la reunificación de las dos alemanias y la llegada de trabajadores del Este con menores salarios, que provocaron una primera baja de las remuneraciones en la parte occidental.

Ya en ese siglo, el lento crecimiento global le planteó al gobierno alemán el desafío de evitar que siguieran cayendo las exportaciones alemanas; Merkel, canciller desde el 2005, impuso la política, lógica dadas las circunstancias, de abatir los costos laborales.

Hoy por hoy, Alemania es el paradigma de esas medidas. Le han permitido mantener su fuerza exportadora y una tasa de desempleo de 5.2 por ciento, que es la envidia de Europa.

El país sigue siendo una potencia exportadora, pero la economía global no está en expansión ni ávida de los productos alemanes. Prevalece una demanda débil en relación a la capacidad productiva global, que es enorme.

Entre tanto, el consumo doméstico germano va en declive y no podía ser de otra forma: entre 1991 y 2010, la mitad de los alemanes redujo su participación en el PIB del 22 al 17 por ciento. En el mismo lapso, el 10 por ciento más rico la aumentó del 26 al 31 por ciento antes de impuestos.

Es posible que esa brecha no siga ampliándose, porque Merkel tuvo que aceptar la fijación de un salario mínimo equivalente a unos 150 pesos la hora, como condición del Partido Social Demócrata para ser parte del gobierno de coalición.

La carrera por la competitividad en un mercado global que crece lento, está generando pobreza y desigualdades en los países ricos. De ahí que el Foro Económico Mundial de Davos considere el fenómeno como uno de los mayores peligros contemporáneos para el sistema.

Ello no garantiza que se vaya a detener el proceso. Crecer para distribuir riqueza sigue siendo el lema. Después de 30 años de neoliberalismo, ya sería hora de que volvieran los gobiernos socialmente comprometidos que entienden que es mejor distribuir para que el mercado sea el que estimule el crecimiento de las inversiones y del empleo.

Una de las lecciones que deja el deterioro social europeo es la importancia que tuvo la intervención del Estado benefactor y la gestión de las organizaciones sindicales en la elevación de los niveles de vida de los trabajadores europeos después de la II Guerra mundial y hasta hace algunas décadas.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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