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La pugna por la renta petrolera

Nunca en la historia de México, las privatizaciones de bienes públicos han fortalecido a la nación ni mejorado la vida de la población. No es que las inversiones privadas sean malas de por sí, como no lo son las de propiedad pública. Lo que las califica es el reparto de beneficios que haya por vía de empleos, salarios y fiscal.

Un motivo principal del recelo que causa la reforma energética que propone Enrique Peña Nieto, es que quien decide en México el reparto del beneficio de los excedentes económicos, es una pequeña oligarquía que tiene al propio gobierno a su servicio. La diferencia priista contra la panista, es que la clase política trata ahora de recuperar márgenes de acción.

Todavía hace 20 años, el gobierno podía poner límites a los poderes particulares. Hoy por hoy, la más alta burocracia aspira a elevar su peso en las decisiones que toma la oligarquía con nombres y apellidos españoles, canadienses, ingleses y estadounidenses cuyos bancos administran el ahorro nacional y algunos locales, como Azcárraga, Salinas Pliego, Slim, Bailleres. Otros entraron a esa esfera desde la alta burocracia, como Carlos Salinas y Pedro Aspe.

Ante la fragilidad institucional del Estado, el peso de esos individuos es dominante en la política económica (subsidios, impuestos, salarios), ámbito en el que se resuelve la distribución de los excedentes que genera la economía. En eso consiste la falta de democracia política, que también es económica y cultural.

El caso es que el destino de la riqueza lo deciden unos cuantos y que con la reforma energética que propone el gobierno –basada en los “contratos de utilidad compartida” y no en concesiones como exigen las petroleras y propone el PAN- la clase política priista trata de recuperar márgenes de acción en ese reparto, aunque su historia no permite apostar a que sea para beneficio generalizado del país.

 

Las utilidades de Pemex

Pero además del dominio oligárquico de la política mexicana, la iniciativa energética del gobierno tiene el problema de que va en contra del sentido común: si Pemex tiene menores costos de producción y por lo tanto, márgenes más amplios de utilidad que las transnacionales que quieren venir a repartirse la renta petrolera del país, ¿por qué dársela?

Por ejemplo, con ventas por 111 mil millones de dólares en 2011, casi cuatro veces menores que las de Exxon, que fueron por 433 mil millones de dólares, el margen Ebitda de Pemex –indicador de la utilidad antes de pagar intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones- fue de 77 mil millones de dólares, mayor que los 69 mil millones de la multinacional estadounidense.

En ese indicador, Pemex supera a cualquiera de las transnacionales. La propuesta de reforma energética que presentó Cuauhtémoc Cárdenas y que abandera no sólo el PRD formal sino sus corrientes y en la que dice coincidir Andrés Manuel López Obrador, consiste en que la renta petrolera sea sólo de la nación y que sirva mejor de lo que le ha servido al país y al propio desarrollo de Pemex como empresa.

La campaña del gobierno para convencer de bondades inexistentes de la privatización de las ganancias petroleras, presenta estadísticas devastadoras, como la caída de 800 mil barriles diarios en la producción de crudo desde 2004 a 2012 y la importación de la mitad de la gasolina que consumimos.

De lo que no se informa es que el porcentaje de la utilidad neta que representan los impuestos para Pemex es muy superior a los estándares internacionales y que Hacienda los cobra independientemente de las necesidades de la empresa.

El secretario de Hacienda, Luis Videgaray ha dicho que se suavizará el régimen fiscal de Pemex, pero gradualmente, conforme lo permitan las finanzas públicas.

Las empresas que llegaran a competir con Pemex, si es que se aprueba la reforma a los artículos 27 y 28 constitucionales, ¿se someterían al mismo esquema fiscal que nuestra paraestatal? ¿Pagarían derechos e impuestos igual que Pemex, o entrarían pagando y deduciendo a tasas internacionales?

Según Cuauhtémoc Cárdenas, el verdadero resultado de la reforma que propone Peña Nieto es la desaparición de Pemex.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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