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La República Amorosa

Andrés Manuel López Obrador ha cambiado su discurso. Ya no lo dedica a descalificar al PRI, al PAN y a la “mafia” en el poder. Ahora lo sustenta en referencias a la moral, la virtud, el deber, la felicidad. Al registrar su (pre) candidatura presidencial por la coalición PRD/PT/Convergencia, habló de elevar la honestidad a rango constitucional y de la república amorosa. Con ello ha logrado acercarse a grupos de las clases medias y ofrecer seguridades a aquellos sectores de empresarios que están dedicados a atender al mercado interno.

El planteamiento de López Obrador les ha parecido irreal a algunos y teologal a otros, pero indudablemente ha llamado la atención por la evidente crisis de valores que padecemos en México y en el mundo. Es irreal el planteamiento, se argumenta, porque el Estado no se erige con el amor, sino con el poder.

Quien puede dudar, sin embargo, de que en la realidad actual el dinero se traduce en poder y se abusa de él para aumentar la riqueza personal de muy pocos, a expensas de las mayorías y del ambiente.

La corrupción de propósitos en el ejercicio del poder no es sólo nacional. El mundo es testigo desde hace décadas de que quienes lo detentan, destruyen el ambiente y no ven la necesidad de refrenar las desigualdades, que son la verdadera causa de las mayores dificultades de los pobres.

En Europa, Estados Unidos, en Asia, en todos los países desarrollados y en los nuestros, los gobiernos del neoliberalismo mienten (al grado de iniciar guerras con pretextos falsos, como en Irak) y han abandonado los códigos morales que permitían distinguir el bien del mal en la conducción de los propósitos colectivos desde el poder.

No hace más de 30 años que el neoliberalismo desplazó toda consideración ética para entronizar el culto al individuo, al mercado y al dinero. Tres décadas fueron suficientes para mostrar la miseria intelectual y ética de una propuesta que ha profundizado las desigualdades, el deterioro ambiental y que redujo todo vínculo colectivo al consumismo de bienes materiales.

La pérdida de valores es una causa central de los males de nuestros tiempos. En el caso mexicano, a diferencia de otras situaciones, la crisis de valores también tiene que ver con la valoración de nuestra nacionalidad. El conjunto de experiencias nacionales recientes van quedando en la “conciencia colectiva” con pocas razones para sentirnos orgullosos.

Una valoración negativa de la nacionalidad “constituye uno de los resortes vitales de la conducta particular y colectiva de los individuos”, sostiene Samuel Ramos (En torno a las ideas sobre el mexicano, Cuadernos Americanos, 1951).

Estamos, además, bajo la lupa del mundo, particularmente de Estados Unidos, cuyas opiniones presentan a México como un país violento, amenazante para su seguridad nacional y en cuyo gobierno no confían que pueda garantizar la gobernabilidad de la nación.

La nacionalidad no es solamente una categoría política sino un rasgo existencial de quienes la componen. El predominio de opiniones internas y externas desfavorables, argumenta Ramos, deprime el valor de la nacionalidad y contribuye a la desconfianza de unos con otros, al debilitamiento de las posibilidades de cooperación social y hace que los hombres se sientan atenidos sólo a sus recursos individuales.

¿Será prueba de eso lo que relata una nota publicada en El Universal el 3 de enero pasado, según la cual un hombre murió de un infarto haciendo cola en la sucursal bancaria ubicada en División del Norte número 1509, sin que nadie lo auxiliara ni su muerte fuera causa de que se suspendieran las actividades bancarias?

Hay una indudable pérdida colectiva de valores en casi todo el mundo, pero recuperarlos entraña también el delicadísimo problema de la fuente y forma del liderazgo de tal recuperación o reinvención moral, en la que el poder y no el amor darían hegemonía a una sobre las demás.

Quienes acusan de teologal el mensaje de López Obrador, consideran que se refiere a imbuir hábitos y marcar conductas de los individuos, cuando es una decisión personal y privada de cada quien guiar su vida por la moralidad religiosa, tradicional o familiar.

Si de lo que se trata es de actualizar la distinción entre el bien y el mal en la conducta colectiva, la referencia obligada es la Constitución política de la Nación, cuyos postulados democráticos y sociales hace décadas que los poderosos no los cumplen. La imagen de una república amorosa tendría los perfiles de una Constitución política que traduzca en normas la actualización o rehechura del contrato social. Y en ello, las únicas fuerzas comprometidas son las de la izquierda.

knochenhauer@prodigy.net.mx

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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