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La seguridad alimentaria no es prioridad del G20

El Director General de la FAO, José Graziano da Silva, se presentó ante los líderes del G-20 reunidos en Los Cabos para pedirles que mantuvieran la seguridad alimentaria y nutricional en la agenda del grupo durante los próximos años.

El tema estuvo en la agenda de esa reunión, pero no entre los principales. Se acordó avanzar en los acuerdos previos y reconocer que “un sistema de comercio más estable, predecible, libre de distorsión y transparente (o sea, libre de especuladores), tiene un papel crítico que jugar para promover la seguridad alimentaria”.

La estabilización financiera preocupó más a los líderes mundiales que el hambre de mil millones de seres humanos y que los cambios ambientales que elevan la incertidumbre de la producción alimentaria.

Tal preferencia se presta para reflexionar sobre las prioridades de la economía global y para filosofar sobre la civilización. Hay  mucho que meditar en esos temas, pero también en lo coyuntural.

La baja relevancia que los países ricos dieron a la seguridad alimentaria, también se explica porque todos han cuidado esa materia, razón por la cual los más industrializados son también los más ricos en actividades agropecuarias.

El hambre no es su problema, es de las naciones que permitieron la desarticulación de su sistema alimentario ante la agresiva estrategia exportadora de cereales, iniciada por Estados Unidos hace cuarenta años. México se inscribe en ese grupo.

Hasta 2008 pareció un acierto financiero, aunque no social, comprar cereales en el mercado global a mejores precios y condiciones de pago que la producción nacional. De aquel año a la fecha, la tendencia bajista de los precios relativos de los granos –que se mantuvo durante 30 años- se transformó en una escalada sin freno de su costo, que ha superado a los de las manufacturas. La tonelada de maíz amarillo, que se cotizaba en 161 dólares en diciembre de 2007, costaba 232 dólares la semana pasada -45% más- según información del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas que dirige Juan Carlos Anaya.

Esa escalada de precios –animada más por los especuladores que por desequilibrios de oferta y demanda- elevó en alrededor de 150 millones el número de personas con hambre en el mundo. En México aumentaron las personas con “carencias en el acceso a la alimentación” (así las identifica el CONEVAL) de 23.8 millones en 2008 a 28 millones en 2010.

Lo que es claro es que el hambre tendrá que enfrentarla cada país con sus propios medios. La FAO y otras 12 organizaciones internacionales, coinciden en que para elevar la seguridad alimentaria hay que aumentar la inversión en investigación e infraestructura agrícola con atención prioritaria a los pequeños agricultores.

En el caso de México, ese sería un verdadero cambio del enfoque que ha favorecido a los grandes agricultores con la mayor parte de los subsidios a la producción, apoyos a la comercialización e infraestructura.

El abandono de las pequeñas unidades agropecuarias -85 por ciento de las propiedades rurales de México- ha ocasionado severos daños ambientales, que unos 9 millones de hectáreas estén sub-aprovechadas y que la migración se haya convertido en la única opción para millones de campesinos jóvenes.

Aprovechar bien las tierras de labor con apoyo en la investigación científica, implica que los investigadores y agrónomos reconozcan que la agricultura, además de una técnica, es una cultura que envuelve conocimientos acordes a condiciones locales y ciclos de la naturaleza, de quienes han trabajado esas tierras por generaciones.

Los campesinos deben poder apropiarse las tecnologías que se les ofrezcan. Las semillas híbridas, por ejemplo, lo permiten. Ninguna semilla transgénica ha demostrado que produce un kilo más por hectárea que las variedades criollas y en cambio, amarran al campesino a una dependencia absoluta de “paquetes tecnológicos” desarrollados por las transnacionales.

Para volver a generalizar el uso de semillas criollas, tendría que restablecerse un sistema para su certificación y distribución, mejorando lo que hacía la desaparecida Productora Nacional de Semillas.

Además de tecnologías, se requiere infraestructura para aprovechar inmensas superficies con bajo índice de cultivo; en el Sureste hay más de dos millones de hectáreas que si tuvieran riego, se cultivarían dos veces al año y con rendimientos superiores. Están rodeadas de la gran reserva de agua dulce del territorio, equivalente al doble de la capacidad de almacenamiento de las presas.

Si crisis es oportunidad, ahí está un gran potencial agrícola por aprovechar, siempre que se logre rescatar al campesinado como cuerpo y alma de la seguridad alimentaria del país.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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