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La soberanía alimentaria es posible

En vez de permitir que siga creciendo, México podría ir reduciendo su vulnerabilidad alimentaria ante el cambio climático y la volatilidad de los mercados internacionales de cereales.

Hay recursos naturales y tecnológicos para lograrlo. No es que nuestro territorio sea un vergel. Apenas 15 por ciento es de tierras de labor y sólo 1.5 por ciento es de buen temporal. Pero en el sureste hay dos millones de hectáreas que con la mínima infraestructura de riego y técnicas disponibles, casi triplicarían la producción actual de maíz.

En otras regiones también hay potencial agrícola en tierras, agua y tecnologías utilizables que el campesinado no aprovecha a cabalidad porque se interponen condiciones económicas, sociales, jurídicas, políticas y culturales. Destacan las que distorsionan las relaciones campo/ciudad.

La primera condición para recuperar la soberanía alimentaria es superar la perspectiva urbana que ha simplificado la reflexión acerca de la producción y distribución de alimentos, al extremo de reducirla a la eficiencia de los mercados, sobre todo de los externos.

Esa lógica –que privilegia el abaratamiento de los alimentos/salario al consumidor de las ciudades- no previó los cambios habidos en los mercados internacionales de cereales.

Esos cambios –y el abandono de los pequeños y medianos productores rurales- han provocado que cada año crezca el costo de las importaciones agroalimentarias del país.

Según Raymundo Tenorio Aguilar, director de la carrera de Economía del Tecnológico de Monterrey, campus Santa Fe, en 2001 ese costo creció 8.1 por ciento con respecto al año anterior; para 2006 el aumento fue de 16 por ciento y por causa de la crisis de 2007-2008, el incremento subió a 24.5 por ciento y a 32 por ciento en cada uno de esos años. En 2011, cuando el clima causó una desastrosa sequía y pérdida de cinco millones de toneladas de maíz desde Sinaloa hasta Tamaulipas, el valor de las importaciones se disparó 33.5 por ciento. (La Jornada 25 de julio 2012).

La semana pasada, el precio del maíz en los mercados de futuros sentó un récord de 325 dólares por tonelada. El máximo que alcanzó en la crisis de 2007-2008 fue de 300 dólares por tonelada, misma que se cotizaba en 161 dólares en diciembre de 2007 y en 232 dólares hace apenas un mes, según información del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas.

Tan extrema volatilidad del mercado es novedosa pero así será en el futuro previsible; de seguir como vamos, el costo de las importaciones de alimentos irá sentando nuevos máximos cada año.

Eso por lo que toca a las cuentas financieras. Las cifras más penosas son las del Coneval según las cuales, la proporción de personas que no gana en su trabajo lo indispensable para comprar la canasta alimentaria básica (Tendencia Laboral de la Pobreza), se elevó 31.4 por ciento entre el cuarto trimestre de 2006 (víspera de la crisis 2007/08) y el primero de 2012. Si en 2008 había 23.8 millones de mexicanos en pobreza alimentaria, este año son más de 30 millones.

El desastre está sobradamente diagnosticado: no se trata de hacer bien lo que se hubiera estado haciendo mal para superarlo, sino de corregir enfoques. Hay mucho qué hacer, pero lo primero es reorientar y rediseñar la política de desarrollo rural y el presupuesto correspondiente (el más grande por habitante e ineficaz productiva y socialmente de América Latina).

Hay que reorientar las políticas y el presupuesto, porque no es que hayan fallado por el hecho de haber contribuido grandemente a acentuar las desigualdades territoriales y entre productores campesinos; es que fueron diseñadas para concentrar subsidios e inversiones productivas a favor de las grandes unidades comerciales, con la idea de que las mejor equipadas pueden dar los mejores resultados en la competencia mercantil.

Hay que rediseñar el presupuesto, por lo menos en dos sentidos: uno, para dar apoyos suficientes a las actividades productivas de pequeños y medianos campesinos que quedaron marginados de esos al ser beneficiarios de subvenciones de carácter social; lo que pasó es que corrieron en paralelo –en vez de cruzarse- los apoyos a la producción y al combate a la pobreza.

Dos, para privilegiar las inversiones de beneficio público –como las de infraestructura y servicios que sirvan a todos- sobre los subsidios a actividades propias de las unidades agropecuarias (como los que se dan para capitalizarlas), que dan lugar a la apropiación particular de tales subvenciones.

Francisco Mayorga, titular de la Sagarpa, declaró resignado que el alza en los precios internacionales de los granos, que padecemos por la incertidumbre de la cosecha estadounidense, afectada por una extensa sequía, impactará los precios de todo lo que se produce con ellos.

Será cada vez peor si no se empieza por reorientar la política de desarrollo rural y el uso de su principal instrumento, que es el presupuesto.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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