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México exporta y no crece

Los presidentes de México y Estados Unidos, junto con el primer ministro de Canadá, se reunirán el 19 de febrero en Toluca, pero no para hacer el balance del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y actualizarlo, como le convendría a México.

La posición de Estados Unidos es que el TLCAN se actualice “a través del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica” (TPP por sus siglas en inglés). Así lo declaró la Secretaria de Comercio, Penny Pritzker, de visita en México.

Con el TPP, México será parte de un TLC ampliado a doce naciones, todas ellas más eficientes y competitivas de lo que es nuestra economía. Así fue hace 20 años cuando se firmó el TLCAN y las desventajas de nuestro país no mejoraron, sino al contrario.

El balance del TLCAN parece exitoso, sí sólo se mira el aumento de nuestras exportaciones. La perspectiva cambia al ver que durante estas dos décadas, las ventas al exterior aumentaron a un paso mucho más rápido que el ritmo de crecimiento del conjunto de la economía.

¿Por qué las exportaciones no indujeron el crecimiento del resto de la economía? Una primera respuesta es que las importaciones crecieron prácticamente al mismo paso que las exportaciones, porque muchas de ellas son indispensables para producir lo que se exporta.

Puede decirse, con ironía, que México se hizo exportador de importaciones.

¿Y por qué no se sustituyeron importaciones con producción nacional para exportar mercancías con mayor valor agregado? Una primera respuesta es la baja competitividad de la economía nacional: a las empresas exportadoras -por cierto, muy pocas en número-, les resulta más barato importar sus insumos que obtenerlas de proveedores nacionales.

Además, la súbita apertura al mercado externo al quedar abatidos aranceles y permisos de importación desde el gobierno de Salinas, no dio tiempo ni hubo estrategia para hacer ajustes y desarrollar proveedores.

El hecho es que en vez de elevar la competitividad de la economía mexicana como ofrecían los promotores del TLCAN, se reprodujeron las condiciones que impiden su mejoría. Entre ellas destacan las dificultades y la falta de estímulos para invertir en innovaciones tecnológicas de la planta productiva.

El mayor obstáculo a las inversiones innovadoras de la planta productiva es su estructura atomizada en millones de microempresas. Éstas representan el 96.1 por ciento de todas las empresas mexicanas y el 41.3 por ciento del empleo, pero solamente aportan 18 por ciento del PIB.

Dice la OCDE que el predominio de las microempresas en México es más marcada (que en otros países) en la manufactura. Esto es, “en el sector que debería tener el nivel más alto de innovación, es en el que México cuenta con la mayor proporción de microempresas dentro del grupo de 27 países comparados”.

Las microempresas no tienen acceso al crédito, no requieren trabajadores con mayor profesionalización o capacitación y no tienen capacidad para reponer equipos en aras de la innovación. Por eso, siendo absolutamente mayoritarias en número, apenas generan el 18 por ciento al PIB.

Esa era la estructura productiva de México en 2011, después de los 18 años que tenía de vigencia el TLCAN. Con esa estructura productiva poco propicia para la innovación tecnológica, la compensación a la que se ha recurrido durante los últimos treinta años, ha sido abaratar la mano de obra.

Transcribo un dato de mi colaboración anterior: en 1991 los salarios representaban el 39.79 por ciento del PIB. En 2006 habían bajado al 28.47 por ciento. El INEGI señalaba al final de 2012, que “los salarios representan el 27.6 por ciento del PIB. El excedente empresarial derivado de las actividades productivas, el 62.4 por ciento”.

Si las empresas grandes y medianas pueden importar sus insumos libres de aranceles, en mejores condiciones financieras y de precio que la compra a proveedores nacionales, si pueden conseguir fuerza de trabajo cada vez más barata y si las microempresas no tienen capacidad de innovación, ¿dónde está el misterio de la falta de estímulos a las inversiones en ciencia y tecnología, dinamo efectivo de la competitividad económica?

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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