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Plan de Ayala para el siglo XXI

Andrés Manuel López Obrador firmó el martes en Torreón, Coahuila, el Plan de Ayala para el siglo XXI como un acto simbólico en el 92 aniversario del asesinato de Emiliano Zapata. El Plan es la versión final de una propuesta que durante seis meses estuvo abierta a observaciones y análisis en seis foros regionales.

El Plan de Ayala para el Siglo XXI no pelea por la tierra sino en defensa de la lógica de la agricultura campesina y de la soberanía nacional en materia alimentaria.

La defensa es en contra de dogmas mercantiles como por ejemplo, que la agricultura, la alimentación y el territorio rural son mercancías sujetas a las leyes del mercado, igual que lo es el resto de la economía.

Según esa lógica, México debe dejar de producir granos, oleaginosas, lácteos y productos cárnicos si puede conseguirlos más baratos en el mercado internacional, y dedicarse a exportar hortalizas, flores y frutas tropicales en las que tiene “ventajas comparativas”.

Otro dogma de la lógica mercantil es que para tener una agricultura eficiente, hay que reducir la población ocupada en actividades agropecuarias del actual 14.3 por ciento de la fuerza laboral del país a no más del 5 por ciento, como en Estados Unidos.

La diferencia es que en Estados Unidos, aunque más del 20 por ciento de la población total es rural, menos del 3 por ciento está directamente ocupada en la agricultura gracias a que el resto tiene empleo en la agroindustria, el comercio y otros servicios en el campo.

Aquí no hay tal diversidad de ocupaciones rurales ni en la economía urbana. A pesar de ello, la política agroalimentaria neoliberal ha pretendido, durante décadas, que la suerte del minifundio y de las unidades agropecuarias “no competitivas” se decida en el mercado.

Eso no significa que el gobierno haya dejado de intervenir en el “libre juego de las fuerzas del mercado”; interviene para privilegiar con lo mejor de los servicios, inversiones y subsidios a los grandes agricultores. El resto va quedando más pobre cada año.

Una razón es que según la lógica mercantil, la única forma de que las agriculturas sean competitivas, es a gran escala. La razón principal es que los grandes agricultores tienen mayor influencia política que la mayoría del campesinado.

De ahí que desde 1988 se hayan venido haciendo grandes reformas en el sector agroalimentario que han desprotegido a los pequeños y medianos productores y favorecido a los grandes.

Por ejemplo, los pequeños y medianos productores difícilmente cumplen con las reglas de operación de la banca de desarrollo. Otro caso: en 1991 se creó Apoyos y Servicios a la Comercialización Agropecuaria que da subsidios por tonelada vendida o sea, más a quien más produce y vende. El resto del campesinado se quedó sin la Conasupo y sin precios de garantía, aunque se creó el Procampo en 1993.

En 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte que comprometió a México con Estados Unidos y Canadá a abrir su mercado de alimentos a las importaciones. Las asimetrías entre los tres países acentuaron la “no competitividad” de la inmensa mayoría de nuestros productores campesinos.

Defender la lógica campesina y recuperar la soberanía alimentaria, implica movilizar a la mayor parte de la agricultura que se practica en México con tecnologías, insumos y servicios apropiados que permitan aprovechar su enorme potencial productivo. Implica también articular la eficiencia productiva con la eficiencia políticas sociales que no se limiten a subsidiar la sobrevivencia de los pobres, sino a resolver las causas de la pobreza.

Hay que reconocer que demasiada gente vive de las actividades agropecuarias. Si en ellas se ocupa el 14.3 por ciento de la fuerza laboral del país y genera el 3.8 por ciento del PIB, es claro que hay poco qué repartir entre mucha gente. La miseria rural sería aún más extensa y profunda si no fuera porque la mayoría de las familias rurales obtiene la mayor parte de su ingreso de otras fuentes.

Por eso es necesario diversificar la economía rural con inversiones privadas y sociales. Han fracasado muchos intentos en ese sentido. Una causa es la incertidumbre jurídica que para muchos, aún representa la propiedad rural. El fortalecimiento del estado de derecho es parte de la nueva política rural que propone AMLO. Otro factor de fracaso son las actitudes de desconfianza de gran parte de la población campesina.

El desarrollo rural requiere la participación de campesinos organizados y activos, condición poco frecuente en nuestro campo. El paternalismo que se ejerció para organizar a los campesinos como votantes, ha dejado bien arraigadas actitudes de desconfianza, baja iniciativa y reticencia a cooperar y trabajar organizadamente con perspectivas a futuro.

Además del campesinado, los otros protagonistas de la nueva política rural tienen que ser las instituciones de gobierno y su presupuesto con un arreglo institucional distinto.

La defensa de la agricultura campesina y la recuperación de la soberanía alimentaria tienen enormes desafíos, pero es la única posibilidad real de evitar una crisis alimentaria que agravara la miseria y el hambre en nuestro país.

Una respuesta a Plan de Ayala para el siglo XXI

  • Primo Martínez Sandoval. dijo:

    Profesor, Guillermo, buena tarde.
    LeÍ su artículo “Plan de Ayala para el siglo XXI” y me referiré a las comunidades d ejidatarios (152) de mi pueblo; En las comunidades que frecuento observo que a toda hora los niños(as) jovencitas (tos) son enviados a las tiendas a comprar cerveza “caguamas”, cigarros, comida chatarra.
    Para los bautizos, bodas, fiestas patronales abundan las bebidas embriagantes, carnitas, frijoles, tortillas, mínimo dos conjuntos musicales, y mariachis en la iglesia que cobran un dinero grande. CONCLUSIÓN: NO HAY POBREZA NO SE NECESITA EL PLAN DE AYALA PARA EL SIGLOXXI.

    ESCRIBIRÉ, LO QUE PARA MÍ ES ABERRANTE: EN LAS COMUNIDADES YA NO PRODUCEN TORTILLAS, JOCONOXTLES,NOPALES, CARNE DE POLLO, HUEVOS, TUNAS, PAN ETC.
    TODO ESTO LO SUMINISTRAN DE LA CIUDAD CON ALTO COSTO COMPA -RADO CON LA PRODUCCIÓN PARA AUTOCONSUMO.
    YA NO HAY HUERTO NI GRANJA FAMILIAR.
    ABUNDANDO: EL GOBIERNO LES HA IMPARTIDO CURSOS DE: CORTE Y -CONFECCIÓN, DE COCINAR PAN, DE CULTURA DE BELLEZA. CONCLUCIÓN: NADIE APROVECHA DE ESTA BONDAD, TODO LO COM – PRAN EN LA CIUDAD.

    Esto por nombre ¿será pereza?
    Saludos respetuosos:

    Primo Martínez Sandoval.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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