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PRIAN

Manuel Espino, quien fuera dirigente nacional del PAN durante la campaña presidencial de Felipe Calderón y expulsado como militante por criticar la manera en que Calderón sometió a su partido, le ofreció al priista Enrique Peña Nieto el “voto útil” de unos 200 panistas de altos vuelos, “ex senadores, ex diputados, alcaldes y algunos que han sido o son consejeros nacionales del PAN”.

Al ofrecerse a ser parte de la campaña de Peña Nieto, Espino recordó su gestión con varios gobernadores priistas para que se le voltearan a Roberto Madrazo en 2006 y movilizaran el voto útil en favor de Calderón. Con ello acredita su experiencia en la materia, sin ningún cargo de conciencia.

Y es que tanto se parecen el PRI y la fracción del PAN en la que militaba, que Espino podrá ser señalado por algunos panistas por su traición a Josefina Vázquez Mota, pero en el fondo, no traiciona los intereses y propósitos con que han gobernado los dos partidos durante los últimos treinta años.

Por eso Calderón se ufana de que haya manifestaciones contra Peña Nieto (contra más de lo mismo en el futuro) y no contra él, que ya pertenece al pasado. Peña Nieto ni se presenta ni es visto como una opción de cambio de rumbo del gobierno del PAN; a su partido se le percibe como un aparato de los mismos intereses, igual de corrupto, aunque posiblemente más eficaz. La imagen de Peña en la campaña no es la del candidato de la oposición, sino la del candidato de las televisoras.

Y es que el PRI y el PAN que se hizo del poder responden a los mismos intereses y al hacerlo, lo dos han contribuido al descrédito y fragilidad de las instituciones del Estado (partidos, Congreso, gobiernos,  autoridades judiciales).

También son responsables de haber evadido la construcción del consenso político, propio de las democracias, para someter las políticas públicas a intereses concretos de grandes corporaciones.

Por todo eso, también son responsables del avance de la pobreza, de las desigualdades y de la parálisis de la movilidad social.

El PRI gobernaba cuando empezó la privatización y debilitamiento del Estado. La pauta fue el consenso de Washington y sus tres “d”: desincorporación de empresas públicas, desregulación a favor de las libertades empresariales y desprotección de la planta productiva interna ante el comercio y las inversiones extranjeras.

Desde ese momento y esa lógica, la contención del déficit fiscal fue el objetivo prioritario de la política de gobierno, solamente interrumpido para salvar a los bancos en 1995/96 con las millonadas del Fobaproa.

Un hecho culminante de esa política fue la extranjerización de los bancos durante el gobierno de Ernesto Zedillo, decisión que debilitó aún más al Estado nacional al ponerlo a merced del sistema financiero internacional, sede de la crisis global.

Ahí es donde ahora se deciden la disponibilidad de crédito para las inversiones en México, el exorbitante costo de los servicios financieros y el monto de los dividendos con que las filiales de la banca extranjera contribuyen a la capitalización de sus casas matrices.

Astringencia crediticia y un gasto público limitado en inversiones durante las últimas tres décadas, han trabado el crecimiento económico y el empleo durante el priato y los doce años de panismo. Ello, a pesar de que hubo extraordinarios ingresos petroleros, despilfarrados en cubrir las insuficiencias de la carga fiscal que benefician a las grandes corporaciones y en aumentar el gasto corriente del gobierno.

Al bajar la renta petrolera durante los gobiernos de Fox y de Calderón, se ha recurrido al endeudamiento para seguir aumentando el gasto corriente. Así, durante el periodo de 2000 a 2011, el presupuesto de egresos de la federación creció 187 por ciento, la deuda pública real lo hizo en 167 por ciento y el PIB en 120 por ciento. El sano equilibrio macroeconómico del que presume el gobierno tendría un PIB más dinámico que sus contrapartes.

El caso es que durante tres décadas ha venido disminuyendo la capacidad del Estado para dar certidumbre alrededor de la calidad de la educación, de los empleos que se generan y de otras certezas necesarias para el desarrollo cuantitativo y cívico de la sociedad.

Con el debilitamiento del Estado ganan quienes se apropian, a precio de ganga, de espacios estratégicos, como el financiero, y le exigen al Estado la disminución de costos fiscales, sociales y laborales, además de libertades sin cortapisas para “competir”, o “se llevan sus inversiones a otra parte”.

Ni Peña Nieto ni Vázquez Mota se han deslindado de la política económica del actual gobierno, más allá del reiterado catálogo de generalidades y lugares comunes. Si ganaran la elección, sería más de lo mismo.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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