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Que el año nuevo le traiga vergüenza a los políticos

Desde que el Partido Acción Nacional asumió la Presidencia de la República, hace dos sexenios, la corrupción y la impunidad siguieron avanzando en México. José Luis Coindreau renunció a la presidencia del Comité de Evaluación y Planeación Estratégica del PAN por vergüenza, un raro sentimiento entre los políticos de estos tiempos mexicanos.

Coindreau no pudo o no quiso ignorar la impunidad en que su partido dejó al alcalde de Monterrey, Fernando Larranzabal, a pesar de sobradas evidencias inculpatorias de una posible extorsión con el manejo de los permisos del Casino Red en esa ciudad.

“Como regiomontano conocedor de los hechos que involucran a funcionarios públicos cercanos al alcalde, hechos que a mi entender constituyen actos de delincuencia organizada más que un simple chantaje, me rehúso a aceptar que el alcalde ignoraba totalmente el quehacer de su familiar y de sus funcionarios”, argumenta Coindreau.

Lo intolerable para él, según su escrito publicado en Reforma el 18 de diciembre pasado, fue que ante el desacato de Larranzabal a la solicitud del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) panista en el sentido de que pidiera licencia de 30 días para ponerse a disposición de la autoridad sin el fuero del cargo, la Comisión de Orden del PAN liberara al alcalde de sanciones que ya le había impuesto el CEN.

Larranzabal es el principal animador del panismo regiomontano a favor de Ernesto Cordero, a quien se identifica como el aspirante apoyado por el Presidente Calderón a la candidatura del PAN a la Presidencia de la República.

Con toda razón, Coindreau ve en este suceso que la autoridad política y moral de su partido queda en entredicho y que “el mensaje que estamos mandando es que en el PAN, al igual que en otros partidos, la corrupción, lejos de perseguirse se ha convertido -en el caso de la alcaldía de Monterrey- en un modus operandi, acompañado de la impunidad de quien incurre en estos actos”.

Situaciones como la de la alcaldía de Monterrey son harto frecuentes, aunque menos escandalosas. De ahí que el Índice de Percepción de Corrupción 2011, de Transparencia Internacional, le asignara a México calificación de 3 (en escala de cero a 10), peor que el 3.7 con que fue calificado en 2001. En la comparación con 32 naciones latinoamericanas, nuestro país está en la penosa posición 20 y en relación a 183 países, hay 99 con menor corrupción que el nuestro.

La alternancia en el poder ha hecho más evidentes las irregularidades de autoridades de alto nivel –gobernadores, principalmente-, lo cual sería un principio de control, si el panismo se hubiera ocupado de aplicar las sanciones que serían consecuentes en un estado de derecho.

La corrupción está presente en todas las sociedades. La diferencia es que en las más desarrolladas no es un problema sustantivo mientras que en nuestro país, aparece siempre en las peores lacras de la sociedad: en la delincuencia, desde luego, pero también la encontramos entre las causas de la pobreza, de la injusticia, de la degradación ambiental, de la baja calidad de la educación, en la “tramitología”.

La poca eficacia de las funciones públicas tiene que ver con la complejidad reglamentaria de las mismas. Ésta pareciera diseñada para propiciar el soborno como medio para suavizar una normatividad administrativa que si se aplica, eleva los costos o de plano hace imposible la obtención de autorizaciones y permisos para actividades que en otras circunstancias, serían fomentadas.

Quizá lo peor de la corrupción es su asociación a la impunidad. Esa mancuerna desmoraliza a la sociedad y hace que desconfíe del gobierno y sus propuestas a favor del “bien de todos”.

La identificación ética que debe existir entre gobierno y sociedad se rompe cuando, enterada la gente de tropelías como las de Ulises Ruiz en Oaxaca, Humberto Moreira en Coahuila y tantos otros, se siguen paseando tan campantes con su presunto botín.

Restaurar el estado de derecho exige una dosis de vergüenza de las autoridades. La restauración ética del régimen y dotarlo con instrumentos efectivos para el combate a la impunidad y la rendición de cuentas, debería ser parte sustancial de la agenda de campaña de los candidatos presidenciales.

knochenhauer@prodigy.net.mx

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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