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Reactivar el campo con los pobres

La política rural que comienza a esbozar el nuevo gobierno, implica un par de cambios de enfoque interesantes, aunque faltan definiciones sobre el más importante que es reconocer a los campesinos pobres como productores y no sólo como rostros de la pobreza.

Un cambio interesante de perspectiva tiene que ver con los mercados externos. Enrique Peña Nieto reconoció que “para hacerle frente al hambre de millones de mexicanos, necesitamos incrementar nuestra producción de alimentos y reducir la vulnerabilidad del exterior, a partir (sic) de la especulación de precios que se da a los productos alimentarios.

“Si queremos que el alza internacional en los precios de los alimentos no golpee el bolsillo de las familias que menos tienen, tenemos que abastecer el mercado interno con más y mejores productos de origen nacional”, dijo Peña Nieto en la Asamblea General Ordinaria del Consejo Nacional Agropecuario, a mediados de diciembre.

Se reconoce, pues, que la alimentación del país no debe atenerse a la volatilidad y especulación de los mercados internacionales de cereales. Es lo que han recomendado desde la FAO hasta el Banco Mundial.

La lógica de ese enfoque llevada a sus últimas consecuencias, deriva en la recuperación de la soberanía alimentaria del país. Va en sentido contrario a la estrategia reciente de seguridad alimentaria (en vez de soberanía), que ha sostenido durante décadas la falsa premisa de que conviene más exportar frutas y hortalizas caras y asegurar la alimentación importando cereales baratos.

México, sin duda, tiene los recursos naturales, humanos y tecnológicos (todos subutilizados) para, si se sabe ponerlos en movimiento, no tener que depender de importaciones para comer.

Producir más alimentos es un objetivo perfectamente alcanzable, pero depende de que la política agropecuaria deje de ver a los campesinos pobres sólo como pobres y que los considere como productores con potencial por aprovechar.

Casi setecientas mil unidades campesinas pequeñas desempeñan un papel en la alimentación nacional a través del mercado, igual que las grandes y bien equipadas; su ventaja es que tienen el mayor potencial productivo por aprovechar, pero se necesita que se les apoye con transferencias de tecnología, créditos oportunos a tasas blandas y servicios subsidiados a la comercialización, como se ha hecho con los grandes agronegocios.

Otro cambio de enfoque de la que podría ser la nueva política agropecuaria, consiste en “invertir más en innovación y en tecnología”. Habrá que ver si Peña Nieto se refiere con ello a recuperar capacidad de autodeterminación nacional en esa materia. La práctica durante las últimas décadas ha sido disminuir recursos públicos en investigación y en transferencia de tecnología, y dejar prácticamente sin regulación la calidad de los productos y la tecnología que distribuyen las empresas transnacionales.

La buena noticia es que México tiene capacidad científica subutilizada en materia agropecuaria. Desde mediados del siglo pasado había desarrollado poderosas instituciones de investigación y transferencia de tecnología, como el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP).

Después de por lo menos dos décadas de aplicar criterios mercantilistas al desarrollo y transferencia de tecnología, ésta ha quedado bajo el dominio de empresas transnacionales, mientras que instituciones como el INIFAP se han debilitado.

Recuperar capacidad nacional para determinar cuál es la tecnología más útil en las condiciones propias del campo mexicano, tiene obvias ventajas. Una muy relevante es que ayudaría a evitar una mayor contaminación de tierras y agua.

Los mayores problemas ambientarles del país están en el campo, no en las ciudades. En gran medida se deben a que la tecnología que promueven las transnacionales presiona a favor de un uso intensivo de agroquímicos, sin detenerse a valorar las consecuencias ambientales.

“La reactivación del campo es, sin duda, una de nuestras mayores prioridades” ha dicho Peña Nieto. Reactivar el campo exige diferenciar acciones y presupuestos por producto, atender a las muy diferentes  condiciones de cada región y sobre todo, de los diversos tipos de productores según los recursos de que disponen y nivel de organización. Esas son las definiciones que faltan para terminar de delinear lo que será la política de desarrollo rural del nuevo gobierno.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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