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Recordar la privatización bancaria

Hay que reconocer el oficio político de los priistas en la presentación de la reforma energética. A diferencia de los panistas y de los perredistas, los del PRI evitan la confrontación abierta y directa y logran, casi siempre, encubrir sus verdaderos propósitos.

La iniciativa energética que presentó Peña Nieto no le concede a las petroleras –de entrada- lo que más les interesa, que es el control sobre el petróleo del subsuelo, y que la propuesta del PAN sí les ofrece.

Ese control se lo darían las concesiones, como se otorgan en la minería, que les permite a las empresas integrar a sus activos el potencial mineral (o petrolífero) de la concesión y sobre todo, extraerlo, distribuirlo y venderlo a través de sus redes en sus propios términos y condiciones.

En vez de eso, Peña Nieto les ofrece a las transnacionales petroleras contratos de utilidad compartida que según los expertos, no atraerán inversiones extranjeras masivas a la industria.

Quizás no son los miles de millones de dólares en inversiones extranjeras lo que busca la iniciativa del gobierno. Lo fundamental de su propuesta es  abolir la exclusividad de Pemex en exploración, extracción y petroquímica básica, para dar entrada a la contratación de inversiones privadas.

El secreto está en los márgenes de discrecionalidad que tenga la clase política para asignar contratos y calcular la “utilidad compartida”. La historia de todas las privatizaciones justifica las peores sospechas.

Cosa de recordar los tiempos de Miguel de la Madrid y de Carlos Salinas. Con el mismo argumento que ahora repiten, de que las inversiones privadas iban a reducir precios y tarifas de las empresas públicas que se desincorporaran, Salinas vendió 160 entidades.

De todo lo vendido durante el salinato “para que las familias mexicanas tuvieran más dinero en su bolsillo”, sobresalen Telmex y los 18 bancos comerciales.

Teléfonos de México se vendió después de que el gobierno hiciera una campaña publicitaria para vender la idea de que se trataba de una empresa con una masa de trabajadores redundante que prestaba mal servicio y le costaba al gobierno ríos de dinero en subsidios.

La venta de la telefónica se hizo después de que el gobierno pagara sus deudas y se decretara el aumento de sus tarifas, las cuales siguen siendo mucho más altas que las que cobran las empresas telefónicas de Estados Unidos y de casi cualquier otro país.

La venta de los bancos fue aún peor. Durante el tiempo que la banca duró nacionalizada por el poder de la firma de López Portillo, Banamex y otros bancos destacaron por su rentabilidad y apoyo a las actividades productivas.

Al devolver los bancos a la iniciativa privada, la clase política se los dio a los “cuates”, muchos de los cuales no tenían idea de cómo se dirige una institución financiera.

La economía sostenida con alfileres que recibió Zedillo y que su secretario de hacienda, Jaime Serra Puche convirtió en crisis que rebasó límites impensables, puso en quiebra a la banca mal administrada y hasta defraudada.

Había que rescatarla, pero además, Zedillo decidió modificar la Constitución para que el capital extranjero pudiera hacerse cargo de manejar hasta el 100 por ciento del ahorro nacional.

Hoy tenemos que el 52.4 por ciento de ese ahorro lo manejan tres bancos extranjeros que han hecho de sus operaciones en México las más rentables del mundo. La fórmula es sencilla: se dedican a negocios fáciles, como el crédito al consumo de tarjetas, y cobran muchísimo por todo.

Hace un par de meses, el Presidente Peña Nieto apareció en la convención anual de los banqueros para pedirles que cumplieran su función como palanca financiera de actividades productivas y que cobraran tasas de interés competitivas.

Por supuesto que no hicieron caso de la petición; al contrario, los bancos como poderes fácticos que son, reportaron un crecimiento del 15 por ciento de sus utilidades durante el primer semestre de este año, en coincidencia con la pérdida de fuerza del resto de la economía.

La misma clase política que privatizó la banca es la que se propone administrar la privatización de Pemex y de la CFE. La energía correría la misma suerte que la banca.

Falta que el Congreso caracterice los contratos de utilidad compartida a los que se refiere la iniciativa presidencial, definición para la cual presionarán fuerte algunos gobiernos y empresas extranjeras para conseguir que el crudo quede bajo su control.

Si lo consiguieran, la suerte energética del país quedaría sometida a esos intereses. Si tuvieran que conformarse con los contratos de utilidad compartida, habría que vigilar a la clase política.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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