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Rostros de la violencia

En la medida en que la violencia se está volviendo parte del entorno “normal”, decía en este espacio la semana pasada, se debilitan las leyes, las autoridades, la tolerancia y el respeto entre las personas necesario para que haya convivencia civilizada.

Nos referíamos concretamente al clima de violencia generado por la delincuencia y la manera en que el gobierno saliente de Calderón concibió y organizó la guerra al narcotráfico.

Amigos lectores me hicieron notar que el narcotráfico no es la única fuente de la violencia que nos rodea. En muchos sentidos, ni siquiera es la más importante.

Por muchas razones son más importantes los abismos de desigualdad que por supuesto, inciden en los valores colectivos y más grave aún, ya son causa de muertes, por cierto en mayor número que las habidas por el enfrentamiento entre delincuentes organizados y el acoso del Ejército.

Ningún asunto público pesa más en la calidad de la convivencia social y de vida de cada mexicano que la inequidad. La inequidad provoca desigualdades que predisponen a actitudes colectivas de desconfianza, al inmediatismo y a la disposición a aprovecharse de los demás.

Las desigualdades extremas cargan el ambiente social de tensiones, de nerviosismo, de prejuicios y recelos mutuos que atentan contra la cohesión social, una de las bases generadoras de certezas individuales y colectivas.

En otro aspecto, en su manifestación de pobreza alimentaria, las desigualdades provocan decenas de miles de muertes a pesar de lo cual, no reciben la atención del gobierno ni de los medios de difusión, ni del público que se le da a la guerra al narcotráfico.

La violenta desigualdad es causante, en efecto, de un mayor número de muertes por desnutrición que las setenta, ochenta o noventa mil víctimas que se relacionan con el narcotráfico.

Según el registro que lleva Abelardo Ávila, investigador del Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán, durante el sexenio de Calderón habrán muerto alrededor de 100 mil niños a causa de enfermedades asociadas a la desnutrición.

Hasta hace no más de cuatro décadas, México no era un país en el que hubiera muertes por hambre, pero ya lo es. Como apuntó el doctor Ávila, hace 30 años el debate era entre seguir el modelo de bienestar  o el de transferencias y ganó éste último (La Jornada 16 de octubre de 2012).

El modelo de bienestar hubiera atemperado las desigualdades, pero se optó por solamente administrar la pobreza, a pesar de que es inevitable que al modelo de transferencias le ganen la carrera las desigualdades y la pobreza.

No hay presupuesto que alcance, decíamos en este espacio hace unas semanas (18/10/2012), para compensar las deficiencias de un mercado laboral en el que predominan la informalidad y los muy bajos salarios. Por el contrario, no existe mejor instrumento para superar desigualdades que el empleo con derechos, como sostiene la CEPAL.

Insisto, México no era un país en el que hubiera muertes por hambre y actualmente se registran miles cada año. Mario Luis Fuentes publicó en dos entregas a Excélsior (31 de enero y 7 de febrero de 2012), un detallado análisis de la pobreza extrema que padecen dos millones 378 mil 452 personas en los 339 municipios en los que, según el Coneval, más del 50 por ciento de sus pobladores no come lo suficiente por ser tan pobres. Esos municipios pertenecen a Chiapas, Chihuahua, Durango, Guerrero, Hidalgo, Nayarit, Oaxaca, Puebla, San Luis Potosí y Yucatán.

Pero no solo en esos estados hay hambre. El número de pobres en México aumentó a 52 millones de personas en 2010 de los cuales, a 11.7 millones no les alcanza para comer. Tan sólo en Veracruz, por ejemplo, murieron 4216 personas por desnutrición en los cinco años que van de 2006 a 2010, según Fuentes.

Los programas asistenciales son necesarios cuando se ha llegado a situaciones de emergencia, pero insuficientes porque no van al meollo del asunto, que es la marginación, la inequidad e injusticia en la que viven millones de mexicanos, lo mismo obreros asalariados que campesinos y peor si son indígenas.

Esas desigualdades enferman el ánimo de convivencia nacional.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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