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Transferir capacidades a los pobres

La Cruzada contra el Hambre (Sinhambre) que puso en marcha el Presidente Peña Nieto el lunes pasado en Las Margaritas, Chiapas, es un cambio de orientación de la política social que tiene por lo menos dos importantes reconocimientos de base: el hecho de que hay gente que muere de hambre en México y el del fracaso de las estrategias que aplicaron los gobiernos de Ernesto Zedillo, de Fox y de Calderón.

Son reconocimientos que auguran un paradigma en política social distinto, no nuevo porque recuerda al Programa Nacional de Solidaridad del gobierno de Carlos Salinas, pero mejor de lo que ha venido aplicándose durante tres sexenios.

Lo único que hicieron los gobiernos panistas fue cambiarle el nombre al PROGRESA (Programa Educación, Salud, Alimentación) de Zedillo por Oportunidades, pero mantuvieron la idea de Santiago Levy de que la transferencia de dinero a los pobres, condicionada a que cuidaran la educación y salud de los niños, era el camino para superar su condición.

Cada evaluación de la política social del Coneval ha dado cuenta del avance y profundización de la pobreza, del hambre y de la desnutrición.

Al Coneval debemos el dato de que 28 millones de personas vivían en pobreza alimentaria en 2011, casi cinco millones más que en 2008, y al INEGI el cálculo de que 102 mil 568 personas murieron por deficiencias nutricionales entre 2000 y 2011, un promedio de 8 mil 547 cada año.

La muerte por hambre es una desgracia relativamente reciente en el México contemporáneo, con antecedentes no más de medio siglo atrás. Sobre todo, es la evidencia más cruda de las limitaciones de una política reducida a entregar dinero a los pobres, puesta en práctica desde 1997, en vez de transferirles condiciones y capacidades para su desempeño productivo.

No quiero decir que la política social sea la que ha producido pobreza, pero sí que ha sido incapaz de contrarrestar los factores económicos y políticos que generan las desigualdades y la marginación en las que se reproduce la pobreza.

Es claro que para la traducción de las políticas en acciones, definir su orientación es necesario pero no suficiente. Sinhambre sólo ofrece, por el momento, lineamientos conceptuales y poco de sus bases técnicas y operativas, algunas debatibles.

Conceptualmente, Sinhambre es mejor que la orientación que ha seguido la política social. No cancela el programa Oportunidades, ni debería hacerlo. Tampoco crea nuevos programas. Lo que propone como uno de sus ejes, es reorientar a un objetivo común los que las secretarías federales y estatales han manejado sin sentido ni coordinación entre ellas.

Otro de sus cuatro ejes es fortalecer las capacidades productivas de sus beneficiarios, que en el arranque serán comunidades rurales en las que habitan campesinos que subutilizan sus escasos recursos y que le pueden sacar mayor provecho a la tierra con que cuentan, siempre que tengan posibilidades de hacerlo.

Por supuesto, la disponibilidad y posibilidades de acceso a los alimentos es la primera condición para desterrar el hambre, pero no es la única. La sanidad ambiental, del agua y de los alimentos es otra condición para reducir la desnutrición. En principio, la cruzada implica la conjunción de tareas –públicas en los tres niveles de gobierno y sociales- en salud, educación, vivienda y economía.

Sin el efectivo involucramiento de los propios beneficiarios, que la cruzada tiene como otro de sus ejes, las instituciones no se verán forzadas a coordinarse y cada burocracia seguirá peleando por su propia clientela social. La inercia favorece esta tendencia.

Acerca de las bases técnicas de Sinhambre, se ha señalado, con razón, que no se le puede considerar “nacional”. Su alcance está limitado a 400 municipios (de 2,456), que fueron elegidos por la elevada proporción de sus habitantes (superior a 75 por ciento) en condición de pobreza, desnutrición y hambre.

Ese criterio de selección ha sido criticado con el argumento de que hay municipios que no se les considera pobres como Puebla, Toluca, Acapulco o delegaciones como Iztapalapa, del DF, que tienen, cada uno, en números absolutos –aunque no en proporción-, más habitantes con hambre y desnutrición que cualquiera de los 400 municipios elegidos.

Sin duda, las víctimas del hambre en México triplican los 7.5 millones de personas que atenderá la cruzada en una etapa de la que no se sabe cuál le seguirá.

La cruzada no será nacional hasta que demuestre que incide realmente en contra de las desigualdades, elevando las capacidades de quienes sufren marginación en cualquier espacio –rural y urbano- del territorio nacional. Pero al menos, se anuncia una estrategia con sentido.

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Datos Personales

Guillermo Knochenhauer es:

• Profesor de asignatura por oposición, Sociedad y Estado en México I y II, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

• Licenciado en Sociología y Maestro en Historia.

• Analista en sociología rural.

•Colaborador semanal del diario El Financiero, sección Opinión como analista de asuntos políticos.

•Colaborador semanal del diario La Jornada Morelos, sección Opinión.

Libros

• Coautor del libro "México Hoy", coordinado por Enrique Florescano y Pablo González Casanova, Editorial Siglo XXI (1979)

• Coautor del libro "Por una Nueva Política Alimentaria", coordinado por Gustavo Esteva, (1984). Editorial Opción, S.C. (1984)

• Coautor del libro "El Impacto de la TV en Cinco Comunidades Vírgenes de México", UNAM UNICEF, México 1984, publicado a partir de la investigación sobre Publicidad Televisiva y Cultura Alimentaria, realizada por acuerdo interinstitucio¬nal para UNICEF.

• Coautor del libro "El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis, coordinado por Armando Labra y el Dr. Pablo González Casanova. Editorial Siglo XXI, México 1989.

• Autor del libro "Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes". El Día en Libros-IEPES, México, 1990.

• Coautor del libro "Nueva Estrategia de Desarrollo", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 2011.

• Autor de Educación, Productividad y Empleo, publicación mensual y compendio anual del Fondo Mexicano para la Educación y el Desarrollo, A.C. entre los años de 1996 a 2003.

• Es autor de una veintena de ensayos en revistas especializadas, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, la Revista del Colegio, del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública y la Revista y la Revista Comercio Exterior, del Banco Nacional de Comercio Exterior. También ha publicado decenas de ensayos en las revistas Nexos y Este País.

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